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Cuento: Puntito sin coma

La historia de una gatita

En la granja de don Jacinto vivían muchos animalitos, de todas las razas, vacas, chanchitos, burritos, etc. De diferentes colores y formas de hablar, a todos don Jacinto los trataba igual, ya que para el todos eran importante, unos les daban leche, otros huevos y hasta el burro que no era muy inteligente le ayudaba mucho ya que este le llevaba las frutas y verduras que cultivaba don Jacinto a la feria para venderlas y así poder comprar cosas que El no podía producir en su granja.

Con don Jacinto vivían además un matrimonio de gatitos, el se llamaba Doraliso y ella  Segismunda, aunque sus nombres no eran de lo mas bonitos, estos gatitos le ayudaban a que los ratones no se comieran las frutas y verduras que don Jacinto cultivaba por lo que a pesar de sus nombres para don Jacinto eran muy importantes, pero bueno, como todo matrimonio ellos  esperaban hijos y con ansias, primero por que querían tener hijos y segundo por que habían tantos ratones en la granja que ya entre los dos no daban abasto.

El 21 de Octubre, en plena primavera nacieron tres hermosas gatitas dos blancas, tan blancas como la nieve y grandes como el sol, y la tercera una negrita como la noche y chiquitita como un punto y coma pero sin coma. A las blancas y brillantes les pusieron como nombre y como era de esperar bellos nombres, a la primera la nombraron Sol y a la otra Estrella, tan bellas eran que a sus papás no se les ocurrió otro nombre. ¡Si la negrita no maúlla! no se acuerdan de nombrarla, a ella le pusieron Dominga, ¡por darle un nombre!. Las tres jugaban todos los días, bueno Sol y Estrella jugaban con Dominga, jugaban por ejemplo a tirar una pelotita muy lejos para que Dominga la fuera a buscar, mientras más lejos mejor, más se demoraba, y así Sol y Estrella se dedicaban a “pelear” a los otros animales de la granja. O bien jugaban a la escondida y dejaban que Dominga siempre contara, y al momento de salir a buscarlas, estas estaban en la casa tomando lechita calientita, mientras Dominga pasaba horas buscando a sus tan simpáticas “hermanitas”. Así pasaban los días.

Don Jacinto por su lado llamo a sus gatos, Doralisa y Segismundo debido a que los ratones ya estaban nuevamente comiéndose sus verduras, les dijo ¡ustedes ya no son dos!, son cinco, por lo que no debieran tener problemas con los ratones. Pero estos (los gatos), le dijeron que Dominga era muy chica por lo que no serviría para cazar ratones ni otra cosa. Don Jacinto se enojó mucho por lo que estos dijeron y de su propia hija, les dijo ¡Dios nos hace a cada uno! ¡Y de diferentes formas! porque cada uno tiene algo que hacer siempre en su vida y siempre es importante para alguien, cada uno de nosotros tiene una cualidad y ésta cualidad no importando cual sea, ¡sirve para algo!. No quiero volver a escuchar que a Dominga la dejen de lado. Los gatos se miraron y se preguntaron ¿Cuál sería la cualidad de Dominga?.

Los ratones en el campo, salen de noche, cuando todos en las granjas duermen, además aprovechan la oscuridad ya que los ratones son todos de color oscuro y se pueden esconder bien. Los gatos, por su lado, y todos los felinos pueden ver bien en la noche, por eso los granjeros tienen gatos.

Por otro lado, las tres gatitas, bueno, las dos gatitas jugaban todos los días, a Dominga siempre la dejaban de lado porque era negrita o porque era muy chica. Llego el día en que los papás gato llamaron a sus tres hijas y les dijeron: ¡hoy en la noche tenemos que salir a pillar ratones!, hay muchos y se están comiendo las frutas y verduras, a si es que vallan a dormir un rato, pues la noche será larga y habrá mucho trabajo. Las tres gatitas fueron a dormir, en su mullida cama, y como de esperarse a Dominga la dejaron de lado y tubo que dormir en el suelo frío de la cocina.

Llego la noche y la familia gatuna salió a cazar ratones, bueno, no los cazaban, sino que los pillaban y los echaban en una caja, después don Jacinto se los llevaba lejos, donde no causaran daño a nadie. Al rato de estar pillando ratones, Sol y Estrella llevaban muchos pillados y por supuesto los papás llevaban el doble, Dominga por su lado no podía pillar ninguno, era muy chiquitita, los ratones se arrancaban y de lejos se reían y burlaban de ella, Dominga muy triste se preguntaba ¿Por qué yo no puedo pillar ningún ratón? Y se escuchaba la voz de sus hermanas burlándose y diciendo ¡eres muy chica y negrita! Y se escuchaban carcajadas burlándose de la hermana. Así termino la noche, Dominga con sueño, sin cazar ningún ratón, sus padres retándola por lo mismo y sus hermanas muertas de la risa.

Se acostó a dormir, y en silencio lloró pensando el porque ella era así, no era, según ella bonita, y además chiquitita ¿porqué soy así? Era su pregunta de siempre.

La siguiente noche ocurrió lo mismo, los papás gatos y las pesadas hermanas habían cazado un montón de ratones, Dominga no llevaba ninguno, llorando se sentó, y sin pensarlo ni quererlo se puso a cantar, y cantaba tan lindo que hasta los ratones se acercaron a escucharla y así quedaban los ratones como hipnotizados, solo podían escuchar la hermosa voz de Dominga. Don Jacinto despertó por el canto de Dominga, se levantó y sus ojos quedaron como huevo frito al ver a Dominga rodeada de ratones “hipnotizados” y sin poder moverse. Don Jacinto trajo un inmenso cajón, en donde caían como mil ratones, y mientras estos escuchaban a Dominga, El los tomaba y echaba en el cajón, uno por uno los fue tomando, contó dos mil quinientos treinta y seis ratones, los papás de Dominga y sus hermanas, después de toda la noche habían pillado cuarenta y cinco ratones, ¡”imagínate”! cuantos ratones mas “pillo” Dominga con la ayuda de don Jacinto.

Ahí tienen pues, dijo don Jacinto a la familia gatuna, y con Dominga en sus brazos dijo ¡este hermoso y chico puntito negrito!, fue capaz de hipnotizar a más de dos mil ratones con su hermosa voz para que yo los echara en un cajón y así los lleve lejos. Por esto Jacinta hoy comerá leche y galletas de chocolate y además dormirá en cama de plumas, y  ustedes por burlarse y dejarla de lado solo comerán su alimento.

Pero Dominga solo era chiquitita de tamaño, pues tenía un corazón del porte de una sandia, tan grande que no caería en la mano de un gigante, le dijo a don Jacinto: ¡ellas son mis hermanas, y ellos mis padres!, si bien no creyeron en mi, yo no puedo comer mejor que ellos, ya que ellos también cazaron ratones. Dominga agradeció a Jacinto y se fue con su familia.

Jacinto no pudiendo hacer otra cosa, al ver el gesto de Dominga. Trajo leche y galletas de chocolate para todos, incluido El, pero sin antes decir: “todos somos importantes y tenemos nuestras cualidades, por lo que no debemos burlarnos entre nosotros, ni menospreciarnos aunque seamos como Dominga” chiquitita y negrita como un punto y coma, pero sin coma. Recuerden siempre que somos importantes para alguien, aunque nos digan lo contrario. Y Jacinto agregó además, desde hoy Dominga, mi Dominga se llamará “PUNTITO, PERO SIN COMA”.

Enviado por:
Guillermo Muñoz Sepúlveda
Chile

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A continuación aparecen algunas palabras claves relacionadas con este trabajo: cuento, granja, lectura, texto, reflexión, animales, .
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