El amor propio significa sentirse satisfecho por el comportamiento adecuado y por los logros merecidos. Las personas con un amor propio saludable también saben respetar a otras personas. Ellos no necesitan hacer menos a otras personas o jactarse o exagerar sus habilidades o talentos. Ellos no necesitan mucho dinero o poder para sentirse bien con sí mismos.
Las personas que se respetan y aman a sí mismas consideran que el egoísmo, la falta de autodisciplina, la imprudencia, la cobardía y deshonestidad son incorrectas e indignas. Poseen una fortaleza interna y no permiten que otras personas los usen o manipulen. Saben que demostrar paciencia o tolerancia no significa permitir que otros los maltraten.
Las personas con amor propio no se desintegran cuando fracasan. Aceptan sus errores como parte íntegra de la vida. Al ayudar a nuestros niños a fijar metas altas para sí mismos, también les debemos hacer comprender que el fracaso no es vergonzoso cuando han puesto su mejor esfuerzo.
Sin embargo, enseñar a los niños el amor propio no significa elogiaros por cualquier cosita. También necesitan la crítica constructiva de vez en cuando. Cuando los criticamos, debe ser por las cosas que han hecho, no a ellos personalmente.