Ven para acá, me dijo dulcemente
Mi
madre cierto día.
Aun parece que escucho en el ambiente
De su voz
la dulce melodía.
Ven y dime que causas tan extrañas
te
arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas
pestañas
como gota cuajada de rocío.
Tu tienes una pena
y me la ocultas;
¿ No sabes que la madre más sencilla
sabe
leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla ?
¿
Quieres que te adivine lo que sientes?,
ven para acá pilluelo,
que
con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.
Yo
prorrumpí a llorar...nada, le dije,
La causa de mis lagrimas ignoro,
Pero de vez en cuando se me oprime
El corazón, y lloro....
Ella
inclino la frente pensativa,
Se turbó su pupila,
Y enjugando sus
ojos y los míos
Me dijo más tranquila;
Llama siempre
a tu madre cuando sufras,
que vendrá, muerta o viva,
si esta en
el mundo, a compartir tus penas,
y si no a consolarte desde arriba.
Y
lo hago así cuando la suerte ruda,
Como hoy, perturba de mi hogar la
calma,
Invoco el nombre de mi madre amada,
Y entonces siento que se ensancha
el alma.
Olegario V. Andrade
poeta