Bajo esta denominación se incluyen todos los cuadros que como manifestación común presentan insuficiencia o retraso en el desarrollo de las funciones mentales.
Es tradicional la separación de los tres grados de oligofrenia:
no recuperables (no desarrolla lenguaje),
difícilmente recuperables (desarrolla el lenguaje imperfectamente)
y
recuperables o débiles mentales.
El grupo de los débiles mentales se subdivide en su escolaridad
entre los asistentes a la escuela común y los que se benefician
con la enseñanza diferencial, es común que estos niños
concurran a un jardín donde las exigencias de las tareas manuales
no ponen aún a prueba sistemáticamente sus posibilidades
limitadas de aprovechamiento de la enseñanza escolar.
Una de las características la constituye la pobreza de recursos,
aún sobre un lenguaje integrado se hace visible el agramatismo
y las dificultades marcadas en la ultilización de las partículas
de la oración, que a los tres o cuatro años son corrientes
en el lenguaje infantil. A estos síntomas se agregan otros de
distinto carácter, la ecolalia y las perseveraciones, que pueden
ser de distinto orden y corresponden al propio lenguaje, el niño
puede perseverar con palabras o sílabas y pueden presentarse
en voz alta o en voz cuchicheada perturbando su elocución.
El débil mental tiene memoria, la qué está orientada
generalmente a lo concreto y al detalle, la actitud general de estos
niños es reveladora de su condición, son corrientemente
apagados, carentes de iniciativa y con indiferencia a los estímulos
nuevos. La tendencia a las perseverancias se manifiesta también
en sus actitudes y gestos y en la ejecución de tareas manuales.
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Preparado por Diana Altuna
Psicopedagoga
Comodoro Rivadavia