Los chicos dan los primeros pasos decisivos hacia el aprendizaje de la
lectura y la escritura muy temprano en la vida: mucho antes de que
puedan exhibir habilidades de producción de lectura y escritura
comienzan a adquirir alguna comprensión básica de
los conceptos sobre la alfabetización y sus funciones. Aprenden
a usar símbolos, combinando el lenguaje oral, las figuras,
lo impreso y el juego, en un medio mixto y coherente, creando
y comunicando significado en una variedad de formas. Desde sus experiencias
iniciales y su interacción con los adultos, los chicos empiezan
a leer palabras, procesando los sonidos de las letras y su relación
con el significado y adquiriendo conocimiento sustancial del
sistema alfabético. A medida que continúan aprendiendo,
consolidan gradualmente esta información, en modelos que
les permiten automaticidad y fluidez en la lectura y escritura.
Por lo tanto, la adquisición de la lectura y escritura se
puede explicar mejor si decimos que es un continuum evolutivo que
si lo consideramos un fenómeno de “todo o nada” (para ilustrar
el significado de “continuum” evolutivo, ver páginas 200
a 201.)
Pero la habilidad para leer y escribir no se desarrolla sin una
planificación y una instrucción cuidadosas: los chicos
necesitan interacciones regulares y activas con la palabra impresa.
Las habilidades específicas que requieren la lectura y la
escritura provienen de experiencias inmediatas con el lenguaje oral
y con el escrito. Las experiencias en estos primeros años
comienzan a definir las suposiciones y expectativas que tienen los
chicos sobre alfabetizarse y les dan la motivación
para trabajar y así aprender a leer y escribir. De
estas experiencias, los chicos aprenden que leer y escribir son
herramientas valiosas que los ayudarán a hacer muchas cosas
en la vida.