Durante los años de infante y bebé,
los chicos necesitan relacionarse con adultos que los cuiden, que se involucren
en muchas interacciones uno a uno, cara a cara con ellos, para apoyar el desarrollo
lingüístico y establecer los fundamentos para el aprendizaje de
alfabetización posterior.
Las experiencias importantes y comportamientos de enseñanza incluyen
los siguientes, aunque no se limitan a ellos:
1) Hablar con los bebés y los pequeños en lenguaje simple, establecer
contacto visual frecuente y responder a los “pies” que dan los niños
y a sus intentos de uso del lenguaje.
2) Con niños muy pequeños, jugar frecuentemente con ellos, hablarles,
cantarles, jugar con los dedos.
3) Compartir libros de cartón con los bebés, leerles
frecuentemente a los más grandecitos, sentándolos en la
falda o junto con uno o dos chicos más.
4) Proveer de material de arte simple, como crayones, marcadores y grandes hojas
de papel, para que los bebés más grandes manipulen y
exploren.
Durante los años de preescolar, los niños
pequeños necesitan experiencias apropiadas para su desarrollo y enseñanza
que apoye el aprendizaje de la alfabetización.
Esto incluye, aunque no se limita a:
1) relaciones enriquecedoras y positivas con los adultos que se comprometan
en conversaciones estimulantes e individuales con chicos, que sirvan de modelos
de conductas de lectura y escritura y alienten el interés de los
niños por el placer de la lectura y la escritura;
2) ambientes ricos en material impreso, que les den oportunidades y herramientas
para que vean y usen el lenguaje escrito, para una gran variedad de propósitos.
En este caso, los maestros atraerán la atención a letras o palabras
específicas;
3) Que los adultos lean diariamente libros de alta calidad a los chicos, en
forma individual o reunidos en pequeños grupos, incluyendo material que
refleje positivamente la identidad, el lenguaje de la casa y la cultura de los
chicos;
4) oportunidades para que los chicos hablen acerca de lo que se está
leyendo, y para pongan atención en sonidos y partes del lenguaje tanto
como en el significado;
5) estrategias y experiencias de enseñanza que desarrollen conciencia
fonémica, como canciones, representaciones con los dedos, juegos, poemas
e historias, en las cuales, los modelos fonémicos como la rima y la aliteración
sean importantes;
6) oportunidades para que los chicos se interesen en juegos que incorporen herramientas
de alfabetización, como escribir listas de compras, en juegos de dramatización,
incluir símbolos en la construcción de bloques y usar íconos
y palabras explorando un juego de computadora;
7) experiencias de primera mano que aumenten el vocabulario de los chicos, como
viajes en la comunidad y exposición a varias herramientas, objetos
y materiales.
En Jardín de Infantes y los grados primarios.
Los maestros deben continuar muchas de estas buenas prácticas, con el
objetivo de avanzar continuamente en el aprendizaje y desarrollo de los niños
(ver el cuadro de continuum de desarrollo de lectura y escritura).
Además, cada niño tiene derecho a una excelente instrucción
en la lectura y la escritura, que incluya pero no se limite a:
1) experiencias diarias en las que se le lea y lectura independiente de historias
significativas e interesantes y de textos de información;
2) un programa de instrucción equilibrado, que incluye instrucción
de codificación sistemática, junto con lectura significativa y
actividades de escritura;
3) oportunidades diarias y el apoyo del maestro para escribir muchas clases
de textos con diferentes propósitos, incluyendo historias, listas, mensajes
a otros, poemas, informes y respuestas a literatura;
4) experiencias de escritura que le permitan la flexibilidad de usar formas
no convencionales (por ejemplo, ortografía inventada o fónica)
para, a lo largo del tiempo, moverse hacia formas más convencionales;
5) oportunidad de trabajar en pequeños grupos para enfocar la instrucción
y colaborar con otros chicos;
6) un curriculum intelectualmente interesante y estimulante, que aumente su
conocimiento del mundo y del vocabulario;
7) adaptación de estrategias de instrucción o instrucción
más individualizada si el niño no logra el progreso esperado en
la lectura o cuando las habilidades de alfabetización son avanzadas.
Aunque las experiencias durante los años tempranos de la vida pueden tener consecuencias poderosas a largo plazo, los seres humanos son asombrosamente dúctiles e increíblemente capaces de aprender a través de la vida. Debemos fortalecer nuestra resolución de asegurar que cada chico se beneficie con experiencias positivas en la niñez temprana que apoyen su desarrollo alfabetizador. Al mismo tiempo, independientemente de los conocimientos previos de los chicos, las escuelas tienen la responsabilidad de educar a cada uno y nunca darse por vencidas si las intervenciones posteriores deben ser más intensas y costosas.