El IRA y el NAEYC creen que los maestros de los chicos jóvenes deben
entender el continuum evolutivo de la lectura y la escritura y manejar
una variedad de estrategias para hacer un seguimiento y un apoyo
individual en el desarrollo y el aprendizaje de los niños,
a lo largo de todo este continuum. Al mismo tiempo, los maestros
deben fijarse metas de alfabetización evolutivamente apropiadas
para los niños pequeños y luego adaptar estrategias
de instrucción para aquellos cuyo aprendizaje y desarrollo
sean avanzados o retardados.
Los buenos maestros toman decisiones acerca de la enseñanza
basándose en su conocimiento de la lectura y la escritura,
en las investigaciones disponibles, en las expectativas apropiadas
y en sus conocimientos de las capacidades y necesidades de cada
uno de los individuos.
Un continuum del desarrollo de la lectura y la escritura es útil
para intensificar metas que resulten desafiantes y accesibles o
los puntos de referencia para el aprendizaje de la alfabetización
en los niños, recordando que las variaciones individuales
se deben esperar y deben ser apoyadas. El uso de un continuo evolutivo
permite a los maestros hacer un seguimiento individual del progreso
de los niños hacia las metas realistas y luego adaptar la
instrucción para asegurarse que continúen en ese progreso.
Durante los años de preescolar, la mayoría de los
chicos seguramente funcionarán en la fase 1 del continuo
evolutivo, es decir, a de conciencia y exploración.
En Jardín de Infantes, una expectativa apropiada es que la
mayoría de los chicos estén en la fase 2, de
lectura y escritura experimentales. Hacia el fin del primer grado,
la mayoría funcionará en fase 3, de lectura y escritura
tempranas. Una expectativa apropiada para el segundo grado es la
fase 4, de lectura y escritura en transición. Mientras que
la meta para el tercer grado es la fase 5 de lectura y escritura
independientes y productivas. La lectura avanzada es el objetivo
para el cuarto grado y los superiores.
Tan fundamental como el de variaciones individuales es el principio
de que el desarrollo y el aprendizaje humanos ocurren en y reciben
la influencia del los contextos sociales y culturales. El lenguaje,
la lectura, la escritura están fuertemente formados por la
cultura. Los chicos entran a programas de niñez temprana
o a las escuelas, habiendo aprendido a comunicarse y a entender
sus experiencias en casa y en sus comunidades. Cuando las formas
de hacer y de comunicar significados son similares en casa y en
la escuela, la transición de los chicos está facilitada.
Sin embargo, cuando el lenguaje y la cultura de la casa y de la
escuela no son congruentes, padres y maestros deben trabajar juntos
para ayudar a los chicos a fortalecer y preservar el lenguaje y
la cultura de su casa, mientras adquieren habilidades necesarias
para participar en la cultura que comparten en la escuela. (NAEYC,
1996, a).
Es de gran importancia que los maestros entiendan cómo sus
alumnos aprenden una segunda lengua y cómo este proceso se
aplica al desarrollo de alfabetización de los niños
pequeños. Los maestros deben respetar la lengua que se habla
en la casa de los chicos, así como la cultura y usarlo como
base sobre la cual edificar y ampliar las experiencias de lenguaje
y alfabetización de los niños. Desafortunadamente,
demasiado a menudo los maestros reaccionan negativamente a la diversidad
lingüística y cultural de los niños, igualando
diferencias con déficit. Estas situaciones lastiman a los
chicos, cuyas habilidades dentro de su propio contexto cultural
no están reconocidas porque no se igualan a las expectativas
culturales de la escuela. Cuando los maestros fracasan en el reconocimiento
de las habilidades o capacidades de los chicos, seguramente subestimarán
sus competencias. La competencia no está atada a un lenguaje,
dialecto o cultura en particular. Los maestros nunca deberían
usar el dialecto, el lenguaje o la cultura de los chicos como una
base para hacer juicios sobre el intelecto o la capacidad de un
chico. Los niños lingüística y culturalmente
diversos aportan múltiples perspectivas y habilidades impresionantes,
como el intercambio de códigos ( es decir, la habilidad de
ir y volver entre dos lenguas para profundizar el entendimiento
conceptual), a la tarea de aprender a hablar, leer y escribir una
segunda lengua. Estos procesos de pensamiento, automotivados, autoimpulsantes
y constructivos, deberían ser festejados y usados como ricos
recursos de enseñanza y aprendizaje para todos los chicos.