El IRA y el NAEYC creen que las metas y expectativas para los logros de lectura
y escritura de los niños pequeños deben ser evolutivamente
apropiados, es decir, que planteen un desafío pero que éste
se pueda alcanzar con suficiente apoyo del adulto. Un desarrollo
constante de la lectura y la escritura está aceptado generalmente,
considerado útil para que los maestros entiendan los objetivos
de la educación alfabetizadora y controlen el progreso de
los alumnos hacia esas metas.
(Un continuum abreviado del desarrollo de la lectura y la escritura
aparece en las páginas 200-201; para ejemplos más
detallados, ver Chall, 1983, Departamento de Educación de
Australia Occidental, 1994; Snow, Burns & Griffin, 1998; Withmore
& Goodman, 1995).
Los buenos maestros comprenden que los chicos no progresan a lo
largo de este continuum evolutivo en secuencias rígidas.
En cambio cada chico exhibe un modelo único y un tiempo para
la adquisición de estas habilidades y de esta comprensión,
relacionado con la lectura y la escritura.
Como cualquier otra habilidad compleja, la lectura y la escritura
son resultados de un continuo interjuego entre desarrollo y aprendizaje,
de ahí que deba esperarse una gama de variaciones individuales
en el ritmo al cual los chicos van adquiriendo estas habilidades
de alfabetización. Si tienen una exposición apropiada
a experiencias de alfabetización y una buena enseñanza
durante la niñez temprana, la mayoría de los chicos
aprenden a leer a la edad de 6 ó 7 años, unos pocos
a los 4, algunos a los 5 y otros necesitarán un apoyo
intensivo individualizado, para aprender a leer a los 8 o a los
9. Algunos chicos que no exploran libros u otro material impreso
durante sus primeros años, probablemente necesitarán
un apoyo más focalizado para el desarrollo de la alfabetización
cuando entren a un programa educativo, ya sea en el preescolar,
el jardín de infantes o el primer grado ya que los dos primeros
no son universales.
Otros chicos que entran a la escuela hablando poco o nada de inglés,
seguramente necesitarán estrategias de instrucción
en su casa para aprender la lengua (Snow, Burns & Griffin,
1998).
Dada la gama dentro de la cual los chicos típicamente
dominan la lectura, incluso cuando estén en un ambiente
de mucho contacto con material impreso y una buena enseñanza,
una expectativa evolutivamente apropiada es que la mayoría
de los chicos logren comenzar la lectura convencional, también
llamada lectura temprana, a la edad de 7 años.
Para chicos con discapacidades o necesidades especiales de aprendizaje,
las metas desafiantes pero accesibles de su desarrollo en la lectura
y la escritura individual en un ambiente inclusivo serán
establecidas por los maestros, la familia y los especialistas que
trabajan en colaboración (División para las
Fuerza de Tareas de la Infancia Temprana sobre Prácticas
Recomendadas, 1993; División para la Infancia Temprana del
Consejo para Chicos Excepcionales, 1994).