La lectura

La lectura real es comprensión. Los niños necesitan leer una gran cantidad de material interesante y comprensible, que puedan leer oralmente con alrededor de 90-95% de corrección (Durrell y Catterson, 1980).
En un principio, los niños, seguramente, leerán lenta y deliberadamente, a medida que van enfocando exactamente lo que está en la página. En realidad, pueden parecer “pegados a lo impreso” (Chall, 1983), tratando de descifrar la forma a nivel de la palabra. Sin embargo, la expresión en la lectura de los chicos, la fluidez y la comprensión generalmente mejoran cuando leen textos familiares. Algunas autoridades han descubierto que la práctica de relecturas repetidas, en las que los niños vuelven a leer pequeñas lecciones significativamente, aumentan su confianza, su fluidez y su comprensión (Moyer, 1982, Samuels,  1979).
Los chicos no sólo usan su conocimiento creciente de los modelos letra-sonido para leer textos no familiares, también usan una variedad de estrategias.
Los estudios revelan que los lectores tempranos son capaces de usar intencionalmente estrategias metacognitivas (Brown y DeLoache, 1978, Rowe, 1994). Aun en estas etapas tempranas, los chicos hacen predicciones acerca de lo que van a leer, se corrigen a sí mismos, releen, y cuestionan, si es necesario, dando evidencia de que son capaces de ajustar su lectura aun cuando la comprensión falla.
Prácticas docentes como la actividad de lectura y pensamientos dirigidos, efectivamente dan un ejemplo de estas estrategias, al ayudar a los chicos a establecer propósitos para la lectura, hacer preguntas y resumir ideas a lo largo del texto (Stauffer, 1970).
Pero los chicos también necesitan tiempo para su práctica independiente. Estas actividades pueden tomar distintas formas. Algunas investigaciones, por ejemplo, han demostrado los poderosos efectos que la actividad de lectura de los chicos a quienes los cuidan tiene: darles más confianza al tiempo de mejorar la forma en que leen (Hannon, 1995). Las visitas a la biblioteca y la planificación de períodos de lectura y escritura independientes en clases ricas en alfabetización también les dan a los chicos oportunidades para seleccionar libros de su propio interés.
Pueden comprometerse en actividades de lectura sociales con sus pares, haciendo preguntas  y escribiendo historias (Morrow y  Weinstein, 1986), todo lo cual puede incrementar el interés y el aprecio de la lectura y la escritura.

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Enviado por:
Profesora María Luz Flores
Buenos Aires, Argentina
Integrante del equipo de Berta Braslavsky

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