En el Jardín de Infantes

El conocimiento de las formas y funciones de la palabra impresa sirve como fundamento para que los chicos se conviertan en seres paulatinamente más sensibles a las formas de las letras, los nombres, los sonidos y las palabras. Sin embargo, no todos los chicos vienen típicamente al Jardín de Infantes con los mismos niveles de conocimiento acerca del lenguaje impreso.
Estimar en qué lugar de su evolución está cada chico y  construir sobre esa base, una característica crucial de toda buena enseñanza, es particularmente importante para el maestro de Jardín de Infantes.
La instrucción tendrá que ser adaptada teniendo en cuenta las diferencias de los niños: para aquellos con una amplia experiencia en la palabra impresa, la instrucción extenderá los conocimientos a medida que aprendan más acerca de las características formales de las letras y su correspondencia con los sonidos.
A otros niños con experiencias previas menores, el iniciarlos en el principio alfabético (que el alfabeto contiene una cantidad limitada de letras y en que estas letras representan los sonidos que componen la palabra hablada), requerirá una instrucción más directa y más enfocada. En todos los casos, sin embargo, los chicos necesitan interactuar con una rica variedad de palabra impresa (Morrow, Strickland & Woo, 1998).
En este año crítico, los maestros de Jardín de Infantes necesitan capitalizar toda oportunidad de ampliar el desarrollo del vocabulario de los niños.

En un estudio, por ejemplo, Pappas descubre que con una múltiple exposición a una historia (tres lecturas) la reproducción oral de los chicos se volvió mucho más rica, integrando lo que sabían sobre el mundo, el lenguaje del libro y el mensaje del autor. De esta forma, si consideramos los beneficios para el desarrollo del vocabulario y de la comprensión, tenemos que pensar que hay un fuerte énfasis en una lectura interactiva de los libros de cuentos (Anderson, 1995).
Aumentar el volumen de las estimulantes experiencias de juego de los chicos con buenos libros está asociado con un acelerado crecimiento en la competencia lectora.
En el curriculum de Jardín de Infantes también deberán tenerse en cuenta actividades que ayuden a los niños a clarificar el concepto de palabra (Juel, 1991).
Gráficos de experiencia del lenguaje, que les permitieron a los maestros demostrar cómo la conversación puede ser escrita, proveen un medio natural para que los chicos desarrollen su conciencia acerca de la palabra en contextos significativos. La transposición de la palabra oral de los niños a símbolos escritos a través de los dictados provee una concreta demostración de que las series de letras entre espacios son palabras y que no todas ellas tienen el mismo largo. Los estudios hechos por Clay (1979) y Bissex (’80) confirman el valor de lo que muchos maestros han conocido y hecho por años.
Los dictados de los maestros de cuentos para niños ayudan a desarrollar la conciencia de palabra, de ortografía y las convenciones del lenguaje escrito.
Muchos chicos entran al Jardín de Infantes con, por lo menos, un mínimo conocimiento de las letras del alfabeto.
Un objetivo importante para el maestro de este nivel será reforzar esta habilidad, asegurándose que los chicos puedan reconocer y discriminar las formas de estas letras, aumentando paulatinamente la  facilidad y la fluidez (Mason, 1980; Snow, Burns & Griffin,  1998).
La eficiencia de los chicos para nombrar las letras es una manera de predecir sus logros de fin de año (Bond y Dykstra, 1967; Riley, 1996), probablemente porque requiere la habilidad de recordar sonidos. De acuerdo con la teoría del aprendizaje en boga (Adams, 1990), una buena regla es comenzar con las letras mayúsculas, que se visualizan más fácilmente, para continuar identificando las letras minúsculas. En cada caso, se introducirán unas pocas letras por vez y no muchas, para aumentar así el dominio por parte del alumno.
Para cuando los chicos están listos para identificar los nombres de las letras, comienzan a conectar letra con sonido. Una percepción fundamental en esta fase del aprendizaje es que una letra y  las secuencias de letras conforman un mapa de formas fonológicas. La conciencia fonémica, sin embargo, no es solamente una percepción solitaria o una habilidad del instante (Juel, ’91), lleva tiempo y práctica.
Los niños que son conscientes de los fonemas pueden pensar en manipular sonidos en palabras y hacerlo. Saben cuando las palabras riman y no riman, cuándo las palabras empiezan o terminan con el mismo sonido, saben que una palabra como bad está compuesta de tres sonidos /b/ /a/ /d/ y que estos sonidos pueden mezclarse en una palabra hablada. Los libros de rimas populares, por ejemplo, pueden atraer la atención de los niños hacia modelos de rima y así servir como base para ampliar el vocabulario (Ehri y Robbins, 1992). Usando claves de letras de principio de palabra, los chicos pueden aprender muchas nuevas palabras a través de la analogía, tomando la palabra bake, por ejemplo, como una estrategia para buscar una nueva palabra, como  lake.
Además, a medida que los maestros involucren a los niños en escritura compartida, pueden detenerse antes de escribir una palabra, decirla lentamente, extender o estirar los sonidos mientras la escriben. Estas actividades, dentro del contexto de la lectura y la escritura reales, ayudan a los niños a prestar atención a las características de impresión y a la naturaleza alfabética del inglés.

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Enviado por:
Profesora María Luz Flores
Buenos Aires, Argentina
Integrante del equipo de Berta Braslavsky

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