Una percepción fundamental que se desarrolla en los primeros años
de los niños, a través de la instrucción, es
el principio alfabético, la comprensión de que hay
una relación sistemática entre letras y sonidos (Adams, 1990). Las investigaciones de Luxon y Leven, 1975, indican que las
formas de letras se aprenden distinguiendo una de la otra por su
tipo de características espaciales. Los maestros, normalmente, harán que los chicos comparen formas de letra, ayudándoles
a diferenciar una cantidad de letras visualmente. Los libros y los
juegos de alfabetos en los cuales los chicos pueden ver y comparar
letras, pueden ser una clave que lleve a un aprendizaje fácil
y eficiente.
Al mismo tiempo, los niños aprenden acerca de los sonidos
del lenguaje, a través de su exposición a juegos de
conciencia lingüística, rimas infantiles y actividades
rítmicas.
Algunas investigaciones sugieren que las raíces de la conciencia
fonémica, un poderoso productor del éxito posterior
en la lectura, se encuentran en las rimas tradicionales, el salteado
y los juegos de palabras (Bryant, Mac, Lean, Bradely &
Crossland, 1990).
En un estudio, por ejemplo (McLeen, Bryant & Bradley, 1987), los investigadores encontraron que el conocimiento de rimas infantiles
en los niños de 3 años se relaciona específicamente
con su más abstracto conocimiento fonológico más
adelante. Comprometer a los chicos en lectura coral de rimas
y de ritmos les permite asociar los símbolos con los sonidos
que oyen en estas palabras.
Aunque se ha demostrado que la facilidad de los niños en
conciencia fonémica está fuertemente relacionada con
sus logros posteriores en la lectura, el rol preciso que juega en
estos primeros años no está completamente comprendido.
La conciencia fonémica se refiere a la comprensión
y al conocimiento consciente de que el habla está compuesta
de unidades identificables como palabra hablada, sílabas
y sonidos. Estudios de entrenamiento han demostrado que la conciencia
fonémica puede ser enseñada a los chicos de sólo
5 años (Bradley & Bryant, 1983; Bryne & Fielding-Barnsley, 1991; Cunningham, 1990; Lundberg, Frost & Petersen, 1988). Estos
estudios usaron baldosas o cajas y juegos lingüísticos
para enganchar a los chicos en una explícita manipulación
de segmentos de habla al nivel de fonema. Sin embargo, cabe dudar
si este entrenamiento es apropiado para los niños más
chicos. Otros estudiosos encuentran que los niños se benefician
más por este entrenamiento sólo después de
que han aprendido los nombres, formas y sonidos de algunas letras
y pueden aplicar lo que aprenden a una real lectura en contextos
significativos (Cunningham, 1990; Foorman, Novy, Francis & Liberman, 1991). Incluso a esta edad tardía, sin embargo, muchos
chicos adquieren habilidades de conciencia fonémica no por
un entrenamiento específico, sino como consecuencia de su
aprendizaje de la lectura (Ehri, 1994; Wagner y Torgesen, 1987).
En los años de preescolar, la sensibilización de los
niños hacia la similaridad de los sonidos no parece ser grandemente
dependiente de un entrenamiento formal, sino más bien
de una escucha de modelos de textos predecibles mientras disfrutan
de la sensación de la lectura y del lenguaje.
Volver al indice del trabajo Enviado por:
Profesora María Luz Flores
Buenos Aires, Argentina
Integrante del equipo de Berta Braslavsky