A medida que los sonidos y los símbolos visuales se juntan, se estimulan
formas del pensamiento convergente y divergente, tales como inferir, hipotetizar,
crear, enfatizar y encontrar vínculos emocionales.
Para los niños pequeños, los símbolos
literarios y los temas pueden ser difíciles de verbalizar,
pero los jóvenes lectores reconocen la bondad y el
coraje en la determinación de un personaje para cumplir
una promesa y pueden sentir y apreciar el tema antes de
que puedan articularlo.
En una historia como El niño
de pan de jengibre pueden ver la triste justicia
en el destino del personaje del título, cuya arrogancia
es obvia y comienzan a entender la función del cántico
repetitivo y acumulativo en la historia.
A través de los problemas y aventuras de los personajes
y de la excitación de los argumentos, la literatura
sirve al desarrollo de los niños (y el humano
en general) en montones de formas.
Un programa balanceado de lectura asegura que una rica variedad
de literatura se acerque, se comparta, se discuta y, además
de esto, las habilidades de lectura son nutridas en la mejor
literatura y se desafían las habilidades del pensamiento
de alto nivel.
La inmersión en muchas experiencias de escuchar literatura
seguramente hará avanzar el desarrollo de la
alfabetización de los niños en
muchas formas.
De acuerdo con Carver y Leibert (1995), cuando los estudiantes
están comprometidos escuchando material que es relativamente
difícil, es decir, que está un poco
por encima de su nivel de lectura, su vocabulario se expande
y su nivel de lectura se mejora.
Las experiencias de escucha proveen a los lectores con un
comienzo hacia el desarrollo de la alfabetización.
El pensamiento inferencial, que hace derivar conclusiones
a partir de evidencias, puede ser nutrido por simples
historias de misterio y luego desafiado por libros como
Los archivos mezclados de Mrs. Basil E.Frankweiler (Konigsburg,
1996) y El dador(Lowry, 1993).
Los lectores diestros pueden ocuparse en unir los
hechos del argumento en libros como La
vista desde el sábado, en hacer hipótesis
con Abel en La isla de Abel
, en detectar subargumentos en Camina
dos lunas (Creech, 1994), en encontrar
las frustraciones del personaje en La
red de Carlota (White, 1952), en identificar
las relaciones entre los personajes en De
los ruiseñores que sollozan (Paterson,
1974), en encontrar los símbolos de La
fuente del rey (Alexander, 1971) y pensar
acerca del tema de El mayo faltante
(Rylant, 1992).
A medida que las herramientas de identificación de
palabra y de significado se dominan, el lector busca y se
ocupa de procesos de pensamiento en un nivel superior, lo
que es básico para que haya una completa apreciación
de los contenidos de la lectura.
Sin tales herramientas, el logro de una lectura profunda
y la excitación generada por ésta, seguramente
no se desarrollarán y será imposible alcanzarlos.