La fantasía moderna demanda la atención del lector.
La credulidad mientras se lee la historia se mantiene solamente por la consistencia
del autor en la creación de la fantasía. Documentar esta consistencia
se requiere una lectura cuidadosa del texto.
Tolkien y Alexander son fieles a los mundos que crean, esto es, todo detalle
de la fantasía es consistente con el mundo de la fantasía mismo.
No hay contradicciones.
El mundo de la fantasía es todo de una pieza y aparece muy real.
Los cuentos Narnia (Lewis) y "El dador" (Lowry, 1993), provocan
preguntas acerca del poder.
Eterno Tuck (Babbitt, 1975) hace surgir preguntas acerca de la inmortalidad.
Toda la noción de estos cuentos sobre "qué- pasaría-
si" hace volar a la imaginación.