Equilibrando lo que se sabe acerca del desarrollo del niño y acerca del desarrollo de la alfabetización

El ritmo, la rima y la repetición en los cuentos de Mamá Ganso, que fueron primero introducidos oralmente y más tarde a través de libros de figuras, inician las aventuras de la alfabetización para muchos niños pequeños.
Desde la bien conocida historia  Esta es la casa que Jack edificó  (Adams, 1995) hasta La rosa en mi jardín  (Lobel, 1984), y más allá, hacia  Había una vieja señora que se tragó una mosca (Taback, 1997), los niños pequeños empiezan a extender sus memorias auditivas y luego su conciencia visual, en versos que se acumulan, mientras los chicos más grandes, con habilidades cada vez más agudas, profundizan y comprenden los problemas  confrontándose con los personajes que encuentran.
Por ejemplo, los niños más grandes conocen la soledad de Leigh Botts en Querido señor Henshaw  (Cleary, 1984),  el dilema de Catherine, en  Catherine, llamada Birdy (Cushman, 1994),  las estrategias de supervivencia que Eily, Michael y Peggy  emplean en   Debajo del árbol Hawthorn  (Conlon- McKenna, 1990) y la adopción de una madre en  Sara, fea y alta (MacLachlan, 1986).
Los lectores más jóvenes quieren ver cómo se ven los sonidos.
Chicken soup with rice, (Sendak, 1962) repetida en 12 páginas de calendario, se vuelve familiar.
La canción y el libro y la visión y el sonido vienen juntos. Dr. Seuss satisface el deseo de los niños por la rima y el canto.

Un programa de lectura balanceado ofrece tanto movimiento como palabras, tal como en la serie de rimas de  Marc Brown, en la alegría de jugar con palabras en  17 reyes y 42 elefantes (Mahy, 1987) y en  Jamberry (Degen, 1983).
Los niños buscan más diversión con palabras después de haber leído libros como éstos. Seguramente preguntarán: “Oso marrón, oso marrón, ¿qué es lo que ves?” (Martins, 1967)  y cantarán el discurso de  Calmate, bebito (Lown, 1997).
Más tarde, se reirán con la respuesta del personaje a las expresiones idiomáticas en la serie de Amelia Bedelia (Parish) y con juegos de palabras, como en  La cama de plumas de Agatha (Deedy, 1991).

La literatura en las vidas de los niños pequeños nutre su desarrollo lingüístico.
Los niños que escuchan historias oyen nuevas palabras. Los niños a quienes los adultos leen historias, oyen y ven nuevas palabras. Ambos tipos de niños, seguramente, usarán estas nuevas palabras.
Las rimas, los cánticos como “mi nombre es Alicia”, son la introducción oral al mundo de la impresión.
Los chicos se fascinan con estas palabras y con las que son  inusuales como didgeridoo y billibong goo. Y palabras en tandem, como itsy bitsy  y palabras en grupos, como “cientos de gatos, miles de gatos, millones, billones y trillones de gatos” (Gag, 1928). A los chicos también les gustan las palabras que pueden cantar :

Flies in the buttermilk,
Shoo, shoo, shoo
Flies in the buttermilk,
Shoo, shoo, shoo,
Flies in the buttermilk,
Shoo, shoo, shoo

Skip in to my Lou,  my darling. (Quackenbush, 1975)

Los niños quieren cantar el cántico de  El chico del pan de jengibre  (Galdone, 1979) y viajar con el personaje del título de Mrs. Rumphius (Cooney, 1992)  y decidir cómo hacer el mundo más hermoso.
Quieren oír y ver el personaje del título en Ganso (Bangs, 1996)  y aprender acerca de cómo uno descubre las cosas  y producir los sonidos de los animales de  Temprano en la mañana en la granja (Tafuri, 1983).
En muchas historias de granjas, como  Barnyard Banter (Fleming, 1994),  los chicos pueden jugar con los sonidos de los establos, y reírse mientras juntan el sonido con las figuras de los animales y las letras.

La literatura ayuda al desarrollo del lenguaje en los niños y fortalece su desarrollo social, moral, emocional y cognitivo.
Ellos estudian las acciones de los personajes y se preguntan cómo pueden actuar en circunstancias similares.
También sienten lo mismo por los personajes y su familia, saborean el coraje de los personajes y se alegran en sus propios descubrimientos.
Más tarde, los niños podrán lidiar con el dilema moral que enfrenta  Marty en Shiloh  (Naylor, 1991)  y la lucha para sobrevivir de Abel en  La isla de Abel (Steig, 1976).
Nada de esto pasa, sin embargo, sin el desarrollo de las habilidades de lectura. El placer por la lectura aumenta a medida que las habilidades son más fuertes.

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Enviado por:
Profesora María Luz Flores
Buenos Aires, Argentina
Integrante del equipo de Berta Braslavsky

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