Había una vez un lugar encantado, así lo llamaban Ana y Juancito,
dos buenos amigos que compartían horas jugando y haciendo travesuras.
Ana era una nena muy dulce y cariñosa, admiraba mucho a
su inseparable amigo, siempre estaban juntos, en las buenas
y en las malas, algo muy notable en ellos.
En ese lugar se destacaba un enorme y hermoso manzano, lo
que más le gustaba a Juancito, era treparse para arrancar
algunas manzanas, que por cierto eran deliciosas y grandes,
para regalárselas a su amiga.
El verde de ese lugar era maravilloso, con su aroma a hierba
fresca, transmitía algo especial para Ana y Juancito, pero
estaban convencidos que en ese lugar vivirían cosas inolvidables...
Eso era cierto, pues un día, al estar paseando por las calles
de la hermosa ciudad en la que vivían, Ana y Juancito, se
llevaron una gran sorpresa, un elefante con gorra y muy
bien vestido se deslizaba velozmente en patineta.
Ana y Juancito comenzaron a perseguirlo, pero iba tan rápido,
que al llegar a la esquina lo perdieron de vista.
¡Que tristes se habían puesto!...Comenzaron a caminar en
busca del elefante.
Caminaron, caminaron, preguntaron a todo aquel que pasaba
si lo habían visto.
Pero..., nada.
Hasta que se les ocurrió que tal vez, podía estar en un
lugar con juegos, hamacas, calesita..., ¡Sí! En la plaza.
Se dirigieron rápidamente hasta allí con la ultima esperanza
que les quedaba de encontrarlo...
Mientras tanto, ... Ruperto, el elefantito travieso, se
encontraba jugando en el tobogán de la plaza.
A pesar de disfrutar de esta diversión, se sentía muy triste
porque había perdido a sus amiguitos, Ana y Juancito.
Sabia que los encontraría y pensó: ¡Me quedaré en la plaza!,
ellos seguramente vendrán a buscarme aquí.
Continuó con su juego, hasta que de repente...
Estallaron risas de alegría y júbilo.
Ana, Juancito y Ruperto se habían encontrado. Ahora sí podrían
contarse un montón de cosas, y por sobre todo compartirían
historias, cuentos, juegos, golosinas, secretos y sueños.
Los tres estaban muy felices y su alegría llegaba a todas
partes, hasta los pájaros se acercaban a escuchar sus historias.
De pronto, se dieron cuenta que el sol se estaba escondiendo
y que el día llegaba a su fin, así fue que...
Se despidieron y cada uno partió a su casita. Ana y Juancito
se fueron caminando juntos para la ciudad y Ruperto comenzó
a caminar hacia su casa que quedaba en el bosque, no recorrió
mucho cuando escucho...
"RUPERTO!!!...RUPERTO!!!". era su amiga Clarita, una hermosa
tortuga de caparazón brillante y que a diferencia de todas
las demás corría, en lugar de caminar, ella tiene su casa
pegada a la de su amigo Ruperto.
"Hola Clarita!!!, que linda sorpresa encontrarnos, ¿Vas
para tu casa?"-Preguntó Ruperto.
"Si"- contesto Clarita, y le ofreció a Ruperto llevarlo
en su caparazón.
Ruperto acepto enseguida, se subió a la espalda de su amiga
y durante el camino cada uno contó lo que habían hecho durante
el día.
Como Clarita no caminaba, sino que corría enseguida llegaron
a sus casitas...
Mientras tanto, del otro lado del bosque el mono "Pancho"
descansaba bajo un hermoso cocotero comiendo unas ricas
bananas, que se veian tan amarillas como el sol.
Esperaba a sus amiguitos: Ana, Juancito, la tortuga "Clarita"
y el elefante "Ruperto", para jugar todos juntos como lo
hacian siempre, demostrando la amistad que había
entre ellos.
Pareciera que hay un gran acontecimiento, al que fueron
invitados todos los animales del bosque.
¿Qué será?
¡Claro que era un acontecimiento muy especial!
Ese día festejaban "su amistad", porque tener amigos
es tan maravilloso, que se merece hacer una fiesta para
celebrarlo.
Así, cada amigo llevo algo rico para comer y gaseosas
y juguitos para tomar, algunos prefirieron compartir un
rico mate.
La fiesta la hicieron en la casa del elefante "Ruperto",
en el medio del bosque.
El se despertó muy temprano para preparar el lugar.
Junto los juguetes, que a veces duermen fuera de su caja,
barrio las hojas secas que cubrían el pastito y coloco
un cartel muy grande en el techo que decía: "Aquí
es la fiestita", para que todos pudieran verlo.
Cuando tuvo todo listo, se baño, se puso su ropita mas linda
y salió a esperar a sus queridos amigos que no lardarían
en llegar...
Y así fue, los primeros en llegar fueron Ana y Juancito,
pero Ruperto, que había salido a esperarlos, decidió
ir adentro porque estaba cansado.
Ana y Juancito fueron bañaditos, perfumados y con muchas
ganas de divertirse con sus amiguitos. En el camino que
los dirigía hacia la casa de "Ruperto", reconocieron
que el había pasado por ahí dejando las huellitas
de sus patitas.
Era un día muy soleado y esto los ponía muy
contentos a todos porque estaban seguros que ningún
amigo iba a faltar y que nadie se perderia este gran dia.
Juancito decidió seguir las huellas de "Ruperto"
y atrás lo siguió Ana.
Cuando llegaron a la puerta, golpearon y Ruperto salió
a recibirlos muy feliz; estos grandes amigos planearon una
sorpresa para los que llegarían mas tarde... ¿Qué
sorpresa sera?
Juancito y Ana se dedicaron a colgar globos y guirnaldas
dentro de la casa. Ruperto, se encargo de servir la mesa.
Puso papas fritas, chizitos y palitos. Sirvió gaseosa
y probo un poquito de cada cosa.
Poco a poco fueron llegando los que faltaban.
Se escucharon unos pasitos apurados en el camino que conducía
a la casa de Ruperto. Todos se asomaron curiosos a la ventana
y vieron que era Clarita, la tortuga, que por supuesto,
venia corriendo. Corria tanto que le gano a su amiga Orejas,
que venia muy despacio.
Orejas traía algo muy importante, algo que Juancito,
Ana y Ruperto, habían olvidado. Traía muchísimos
globos para repartir entre sus amigos.
Al llegar a la casa de Ruperto, los recién llegados
se pusieron muy contentos cuando vieron lo decorada que
estaba la casa y lo linda que seria la fiesta. Fueron muy
bien recibidos. Saludaron con un abrazo a todos sus amigos.
Todos juntos se pusieron a colgar los globos que había
traído Orejas, mientras comían algo. Pero
estaban todavía, esperando mas amigos...Eso era lo
bueno de vivir en el bosque, uno podía hacerse amigo
de muchos chicos, incluso de muchísimos animales.
Juancito y Ana estaban felices por vivir alli y decidieron
que siempre, siempre cuidarían a sus amigos y nunca
palearían con ellos, les prestarían sus juguetes,
pasearían juntos y se divertirían muchísimo.
La casa de Ruperto estaba hermosa, decorada con todas esas
guirnaldas y los globos que había traído Orejas.
De repente escucharon unas vocecitas que venían desde
afuera. Todos se pusieron alertas y fueron a ver quien seria
que estaba llegando a la fiesta.
¿Vamos a ver quien viene?
Eran el mono Pancho y el oso Carlos que se cruzaron en el
camino y venían charlando. Pancho, como de costumbre,
estaba alegre y despreocupado comiendo bananas, una tras
otra. Vestia las mismas ropas de siempre. Por el contrario;
Carlos, que era tímido, andaba elegante y como no
había sido invitado a la fiesta formalmente, se sintió
en la obligación de llevar una gran caja de regalos,
repleta de sorpresas para todos los amiguitos que estuvieran
reunidos en casa de Ruperto.
Cuando estuvieron todos reunidos, la fiesta se puso barbara.
Charlaron, compartieron lo que cada uno había traído,
jugaron a infinidad de juegos. Hubo alguna que otra pequeña
disputa, pero todo se resolvió con buen animo y la
alegría reinante de estar juntos y festejando.
Tanto corrieron y saltaron, que por fin se fueron quedando
quietitos de cansados que estaban y se fueron durmiendo
en los sillones de la casa de Ruperto, en la cama, por los
rincones, en los pasillos y soñaron...
Todos tuvieron sueños mientras dormían, como es tradición
en los lugares encantados. Algunos alegres, otros disparatados,
recuerdos de cosas ocurridas. Veamos algunos de aquellos
sueños...
Cuando todos despertaron, Ana contó un hermoso sueño
que había tenido mientras dormía...
Ella soñó que estaba jugando en el bosque
con Juancito, con la tortuga Clarita y con el mono Pancho;
cuando repentinamente, apareció en el cielo un ángel,
que se parecía mucho al elefante Ruperto.
Volaba de aquí para alla. Se detuvo, los miro fijo a los
ojos y les dijo: "Chicos: acuerdense siempre de lo que quieren!!!
"¿Y saben una cosa? Yo quiero la amistad que todos ustedes
me brindan, gracias por estar siempre conmigo, gracias por
prestarme sus juguetes y por sobre todas las cosas, gracias
por jugar conmigo. Los quiero mucho!!!....Ahhh, me olvidaba,
¿Y ustedes chicos, que es lo que mas quieren?
Cuando todos escucharon el sueño que había tenido
Ana, se emocionaron mucho, y cada uno empezó a decir
lo que mas quería.
¿Y ustedes, hermosos angelitos, se animan a decir que es
lo que mas quieren?
Y colorin colorado, este hermoso cuento se ha terminado
Escrito por los padres y los nenes
de sala amarilla. Sección 3 años.
Instituto Educativo Huellas
Buenos Aires, Argentina.
Docente: Prof. Vanesa Abdala