El padre sufre ante la distancia o el dolor
de un hijo tanto como la madre.
Los hijos necesitan a su padre igual que a su madre. El
lento pero progresivo reconocimiento de estos dos hechos
por parte de los distintos estamentos de nuestra sociedad,
está produciendo cambios de enorme significación.
El más importante de todos es que los hijos crecen
más sanos y equilibrados al ser cuidados y educados
por ambos padres conjuntamente, sin que se produzca la sobrepresencia
de uno y la atrofia o desaparición del otro. Así,
también, habrá menos hijos que queden medios
huérfanos, ante la ruptura o la no conformación
de su pareja parental. La mujer tiene más tiempo
para hacer su vida, al no tener que hacerse cargo con exclusividad
de su prole y los hombres disfrutan participando en la crianza
de sus seres más queridos. La sociedad les reconoce,
al fin, la posibilidad de tener sentimientos paternales
de igual profundidad y utilidad que los maternales.
Tal vez algunos dirán, que hay muchos hombres que
no tienen ninguna intensión de cuidar hijos. Pues
sepan que hay muchas mujeres que no tenían, ni tienen
intención de pasarse la vida entre pañales,
mamaderas y guardapolvos, y sin embargo las obligamos a
hacerlo; diciéndoles que por ser mujeres tenían
que ser madres y hacerse cargo de sus hijos. Y las consecuencias
de esa falacia trajo mucha infelicidad a todos sus partícipes.
Ya hay leyes y jueces, aquí y en el mundo, que reconocen
que el superior derecho de los chicos es "mantener
contacto directo con ambos padres de manera regular"
En la Carta de los Derechos del Niño de las Naciones
Unidas - que nuestro país reconoce como propia -
el derecho a conservar la relación con sus dos padres
es prioritario. Cada vez son más los padres que de
hecho o por resolución judicial, comparten el cuidado
y la atención de sus hijos. En los países
escandinavos, en Inglaterra y pronto en Francia los padres
tienen licencia por paternidad, porque el Estado mismo reconoce
la importancia de que establezcan un fuerte vínculo
con el recién nacido.
Durante muchos años, se pensó que por los
hijos sólo sufría la madre, hoy sabemos que
esto no es así y que los modelos culturales heredados
obligaban a ellas a exagerar sus afectos y a los hombres
a reprimirlos. Tal vez tengamos diferentes formas de expresar
nuestros sentimientos y nuestra preocupación; pero
el sufrimiento, la perdida o el distanciamiento de un hijo
desbastan al ser humano cualquiera sea su género.
En este milenio los hombres reivindicamos nuestro derecho
a sentir, la mujeres el de razonar y es, entre ambos, que
debemos proteger el derecho de los hijos a ser criados por
sus dos padres.
Jorge Luis Ferrari
Licenciado en Ciencias de la Educación y autor del
libro:
"Ser padres en el tercer milenio"
Ed. Del Canto Rodado, Mendoza, Argentina, 1999.
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