Cuando comienzan las prácticas en los profesorados, la
"Observación" en los Jardines es uno de los trabajos
ha cumplir por las estudiantes.
Las alumnas llegan miran y anotan. Anotan todo lo que ven, de
acuerdo a las consignas que les han asignado.
Una actividad dada por la docente, un cambio de pañales,
las rutinas, etc. y/o recabar información acerca del tipo
de institución a la que las han enviado.
¿Pero cuando miran que ven? ¿Qué ve cada
una de ellas? ¿Qué se hace luego con estas observaciones?
Cuál es el objetivo de las mismas? ¿Adentrar a los
estudiantes en la dinámica de un Jardín Maternal,
en una relación particular entre una docente y un bebé?¿
en la forma en que ese jardín resuelve las rutinas diarias
y desarrolla un conjunto de actividades según la edad de
los niños? Podría ser esto un primer paso. Pero
tendríamos que preguntarnos nosotras, docentes de una sala
de lactario o deambuladores por ejemplo, que miramos cuando observamos
a nuestros niños. Cuando estamos frente a nuestro grupo,
que cosas son las que nos convocan. Tal vez no
s
detenemos en registrar como juegan libremente, como responden
a las consignas o si alcanzan el objetivo previsto para tal o
cual momento del año.
¿Pero estamos mirando al niño, aquel que tiene una
forma singular de relacionarse?
Cuando observamos desde distintas miradas vemos diferentes cosas
que generalmente están teñidas por la interpretación
que de ellas se hace, en lugar de ser un registro concreto de
lo sucedido.
Detenernos a pensar qué es lo que estamos observando y
para que, es importante a la hora de ser concisas, y de llevar
un seguimiento de cada niño.
Cuando tomamos la primer entrevista, recabamos datos de la familia
y del niño y junto con ellos los sentimientos depositados
en él por sus padres y/o tutores. Esto que le ocurre a
los papás, también puede ocurrirnos a nosotros docentes.
Nuestra actitud ecuánime y abierta es la que ayudará
ha fortalecer las manifestaciones individuales.
Nuestra mirada debe estar dirigida a las acciones que lo llevan
al niño a sentirse seguro de si, a partir de encontrar
una mirada de respeto y escucha.
Una mirada que pueda "ver"el acto no como una mera acción
sensoriomotriz, sino como un proceso que tiene un comienzo un
desarrollo y un desenlace. Si somos capaces de seguir el proceso
podremos respetar al niño en su aprendizaje. Estando alertas
y conscientes de los procesos que va realizando en busca de satisfacer
su necesidad de conocimiento podremos facilitarle elementos que
lo enriquezcan.
Un bebé juega con recipientes que están próximos
a él, los explora chupándolos, tocándolos,
pasándolos de una mano a otra, esta investigando las cualidades
de estos. Estas primeras impresiones se registran a nivel del
pensamiento, forman primeras imágenes, protorepresentaciones,
representaciones y luego abstracciones que lo ayudarán
a formar, más tarde, el concepto del objeto, lo esencial,
lo que lo define, más allá de una cualidad superflua.
Por ejemplo una silla tiene características que la definen,
así tenga sus partes cuadradas o redondeadas, un color
u otro, o bien un tamaño determinado. Lo que hace a su
utilidad, a su uso es lo que nos hace ver una silla.
Así también las características que va sumando
en cuanto a su experiencia directa sobre las cosas, como textura
consistencia, color forma, etc., le van aportando elementos para
arribar luego a conclusiones que le permitirán hacer operaciones
mentales, clasificando, haciendo correspondencia término
a término comprobando mediante el ensayo y error las características
de cada objeto. Confirmando unas y desechando otras. Construyendo
nociones fundamentales como color, forma, tamaño, mediante
el ejecutar constantemente acciones sobre ellos. Resultados de
estas investigaciones son las acciones que ejerce más tarde
sobre otros elementos, trasladando así experiencias previas
que le fueron aportando un conocimiento somero que irá
profundizando en la medida que vuelva sobre la experimentación.
Un bebé de cuatro meses que intenta girar sobre su costado
para alcanzar un juguete, que está allí cerca, lo
hace por la motivación de conocer, que lo lleva a interesarse
por él e insistir en su cometido hasta lograr la satisfacción
de esta necesidad. Para ello utiliza su cuerpo como herramienta,
apoyando su talón se impulsa mientras acompaña esto
con su torso y sus brazos que se dirigen al objeto. Está
acción sencilla le insume mucho esfuerzo, tiempo y del
espacio necesario para lograrlo por sí mismo. Pero esto
último dependerá de nosotros adultos si es que estamos
atentos a esto y le favorecemos el entorno respetando este proceso.
Esto es posible, si estamos abiertas a ver todo lo que un bebé
puede hacer por sí mismo, todo lo que está dispuesto
a realizar, manifestando así su potencialidades.
Un niño de un año y dos meses está con unos
envases de diferentes formas y tamaños, sin embargo él
ha juntado los de forma redonda y cuadrada y trata repetidas veces
de introducir unos en otros. Los observa, los toma, los deja y
vuelve a comenzar, reitera esto una y otra vez. Luego se detiene
en dos envases que le permiten meter uno adentro del otro en perfecto
ajuste, ha desechado los que entran pero no tienen este acople.
Después se detiene en dos redondos y limita su acción
a ellos. Ha encontrado que ambos se corresponden en forma y ha
descubierto y confirmado esta característica de igualdad
mediante la comprobación directa. Ha podido clasificar
y encontrar similitudes y diferencias que los hacen partes complementarias
de un adentro y un afuera.
Un niño de dos años está jugando con envases
de diferentes tamaños y formas él selecciona los
que se corresponden por su forma e inmediatamente los agrupa y
con ellos trata de formar una torre.
Estas acciones que realiza a primera vista nos pueden decir que
él ha arribado a esta actividad por el uso de estos elementos
en un proceso de conocimiento que le ha permitido realizar operaciones
mentales para luego clasificar por forma y tamaño, ubicando
el más grande abajo, el mediano en el medio, hasta poner
arriba el más pequeño. Este niño que se siente
seguro en la ejecución de su empresa, ha podido establecer
las posibilidades del material con el que está operando
y también llevar a cabo una actividad nueva con ellos,
ha creado la opción de apilarlos. Luego los tira, los envases
se desparraman, con suma paciencia los toma uno por uno y los
vuelve a reunir comenzando a construir su torre otra vez, una
vez finalizada la vuelve a tirar. Esta acción de construir
y destruir, a nivel interno le posibilita el reaseguramiento profundo
de los fantasmas de angustia y destrucción, a través
del placer de jugar.
Los chicos desde muy pequeños ejecutan movimientos y acciones
sobre los otros y el entorno que en un ida y vuelta los enriquecen
y los estimulan.
Como se expresan a través de su cuerpo es la manera que
tienen de manifestar sus sentimientos pero también sus
motivaciones personales. Estas últimas las podemos "leer"si
observamos sus inclinaciones, sus elecciones, que se muestran
con su forma particular de relacionarse con el medio.
Un bebé se expresa, no sólo cuando llora, ríe
o balbucea, lo hace también cuando puede tomar un objeto
u otro, con una mano u otra, cuando puede girar hacia un lado
o desplazarse como puede él hasta lo que le interesa, en
definitiva, cuando elige. Para que esto sea posible nosotros adultos
padres y/o docentes, tenemos que estar atentos para no entorpecer,
sino por el contrario, favorecer las acciones que son en sí
mismas un estímulo constante para el niño.
En este elegir del niño está implícito un
proceso, donde cada objeto puede provocar el inicio de una actividad
ideatoria, si permitimos la exploración, el acceso a los
objetos y el respeto por la investigación que está
llevando a cabo. Cuando se propone realizar determinado cometido,
llevar a cabo su "idea" debe poner en marcha acciones
que le permitan arribar a la resolución de esta. Acciones
que se desarrollan en lo concreto sobre el medio y que en su devenir
provocan otras acciones.
En este proceso de conocimiento se concatenan diferentes procesos
que le generan nuevas motivaciones. En este apropiarse del mundo
que lo rodea también registra junto con las cualidades
propias de las cosas el valor que los demás le adjudican,
el grado de valoración. De esta forma internaliza el aspecto
social junto con el del cocimiento propio de un elemento. Su modo
de utilizarlo, por ejemplo, involucrará a su entorno pues
este tiñe de significación al objeto.
Es necesario que nos detengamos a ver lo que realmente nos expresan
los niños con su lenguaje corporal y gestual, que respetemos
sus tiempos y sus elecciones, pues los estaremos respetando como
personas, aunque esto parezca obvio.
Observar para conocer a nuestros alumnitos, es acceder a la posibilidad
de ofrecerles lo que necesitan en cada momento de su desarrollo.
Creado y enviado por
Alejandra De Renzis Peña
Prof. Sup. en Ens.Preesc.
Buenos Aires
Artículo publicado en la revista Educación
inicial de editorial La Obra
Junio de 2001