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De lo individual a lo grupal  en el Jardín Maternal

Los niños que asisten a los Jardines Maternales son muy pequeños, por esto es que, como docentes, debemos preguntarnos no sólo que les vamos a brindar sino que es lo que realmente necesitan.
Es función de nuestro rol, saber propiciar actividades que resulten placenteras, imprescindibles y  favorecedoras de aprendizajes.

Siempre se ha dicho que es fundamental ver, distinguir, apreciar y ayudar acompañando la manifestación de lo particular. Pero de hecho esto prácticamente no ocurre. Es importante que podamos interrogarnos acerca de cómo podemos estar atentas a los requisitos de cada niño. Pero esto no resulta sencillo.  

Pensemos que proponemos actividades a un grupo de 15 niños de 1 año y medio, por ejemplo, con  consignas específicas y donde todos a un mismo tiempo las realizan   ¿Podemos decir que estamos respetando los intereses propios de cada niño? 

De esta realidad de todos los días tenemos que poder separar, distinguir, conocer cuáles son las que le ayudan al niño a crecer, fortaleciendo su Yo que se está integrando, y cuales no.
¿Pero somos conscientes de esto? Porque si así es tendríamos que plantearnos porqué se continúa haciéndolo.

Podemos ofrecerles  actividades que propicien un verdadero aprendizaje, permitiéndo a los niños apropiarse de las cualidades intrínsecas de los elementos que lo rodean. Que les posibiliten poco a poco formar imágenes, representaciones mentales, abstracciones para luego arribar a la conceptualización de los objetos. 

El pensamiento, las operaciones ideatorias necesitan de la exploración sensoriomotriz para construir las bases futuras de una  expresión creativa que le permita al niño ser capaz de adaptarse activamente a la realidad.

Es importante elegir los elementos de acuerdo al momento en que se encuentra el niño dentro del proceso de su desarrollo como individuo. Individuo y no grupo.

Podemos comprender que los niños en su crecimiento van desarrollándose en una relación directa entre sus capacidades y la función del entorno.

Winnicott estudió particularmente las relaciones entre los niños más pequeños y su entorno. Específicamente la díada madre-hijo y cómo influye ésta en el desarrollo del bebé, las relaciones que se establecen y sus consecuencias en el futuro del niño. Él centró su atención en la importancia del propio papel terapéutico del medio familiar a través de la atención sostenida de las necesidades de los niños.

Los niños de los Jardines Maternales desde muy pequeños se relacionan con ambos medios. Es así que el bebé interactúa en dos ámbitos diferentes con personas que le prodigarán no sólo cuidados esenciales sino que también embuirán todas sus acciones de su particular manera de ser y estar. Actitudes diferentes de su mamá y de su o sus maestras hacen de vital importancia la comunicación, la unicidad de criterios, la coherencia y sobre todo el respeto por este niño que es un todo a conocer.

En este espacio nuevo y particular, donde repentinamente se encuentran rodeados de muchos rostros nuevos, los bebés necesitan construir y afianzar un vínculo de apego capaz de sostenerlos durante las horas de ausencia materna. Un vínculo segurizante que les permita paulatinamente establecer nuevas relaciones para integrarse al Jardín, que se constituirá en su "segundo hogar". ¿Porqué utilizo esta expresión tan cuestionada? Porque en realidad en él se desarrollan todas las rutinas que antes estaban circunscriptas al hogar materno-paterno.     

En la actualidad la mayoría de los niños de padres que trabajan deben ingresar a un Maternal y muchos lo hacen a los 45 días. ¿Cómo no tener esto en cuenta? Se dice, se habla, pero no se expresa con todas las letras la importancia fundamental de este paso, del "Hogar al Maternal". Quizás por ser un punto álgido se prefiere sostenerlo, desde la necesidad social, sin muchos conocimientos hasta ahora reales y profundos de la influencia de este nuevo entorno en el desarrollo futuro del niño.

Si nos detenemos ha analizar veremos que su intervención tiene un impacto enorme en la dinámica familiar y en la del niño en lo personal.

Pongámoslo así, una mamá tiene a su bebé y durante el primer año de vida permanece con él, en este tiempo establecen un vínculo fuerte, un lenguaje corporal, gestual un diálogo tónico emocional, donde a través de la empatía la mamá puede tener un acabado conocimiento de las necesidades de su bebé. Esto le permite satisfacerlas en la medida de sus posibilidades y del grado de lectura que ella tiene de las mismas. Así mismo juega un papel importante la figura paterna, el desplazamiento de la figura materna por la del papá, o su sustituto comienza a permitirle junto con las pequeñas ausencias de la madre y las pequeñas frustraciones que le provocan la no satisfacción total y absoluta de sus necesidades, a sentirse como un todo distinto de esta mamá que hasta ahora era un todo con él. Este interjuego se va dando naturalmente  y progresivamente. El niño se va relacionando con el mundo que lo rodea, entrando poco a poco a un sinfín de normas que lo llevan a formar parte, más tarde, de una sociedad. Se está socializando desde que nace pero, sin embargo, lo más importante es lo primero que ocurre y es que se está constituyendo como persona.

Empieza a manifestar sus preferencias y sus inquietudes particulares, comienza a distinguir entre lo que le agrada y lo que no. Reconoce que hay personas que lo quieren y otras que él no conoce, y sabe expresar con quienes quiere estar. Comprende que puede manifestar desagrado y que será contenido, elige y  prueba sobre lo que está a su alcance y obtiene conocimientos de lo que su acción puede ocasionar en las cosas y en los otros, conoce su poder y como utilizar sus herramientas. Una de ellas es el lenguaje que se construye desde un principio con las respuestas de su entorno, primero el corporal y el  gestual, luego el verbal. Los silencios y los sonidos le aportan una secuencia que le ayuda a saber la diferencia entre ambos y la importancia de sus balbuceos y expresiones. Aprende que estos le permiten hacerse entender por los otros y lo utiliza. También conoce la fuerza de sus gestos como expresión de satisfacción o de disgusto porque ha tenido una lectura de ellos por parte de la familia que está atenta a sus demandas y a sus logros.

Cuando este bebé comienza a conocerce y a hacerse conocer comienza a mostrar su forma de ser en el mundo.

Y UNO puede estar con otros: elegir, discutir, convenir, construir, cuando sabe quién es ÉL mismo.
Empieza a mostrar cuáles son sus intereses y sus conocimientos, cuáles son sus capacidades y/o habilidades y cuáles no. Esto que se da espontáneamente  en el seno de la familia a partir del momento que el bebé entra al Jardín Maternal comienza a ser compartido por ambos ámbitos y no lo podemos desconocer.

Una lectura y valoración apropiada de las manifestaciones es fundamental para tener una actitud acertada desde la tarea docente.

Es imprescindible que podamos definir prioridades, establecer objetivos en cuanto a las propuestas, a las acciones y decisiones que sí son pertinentes a la dinámica  de una sala Maternal. Saber reforzar aquellas que son primordiales para la constitución de los niños en personas sanas y seguras, afectivamente estables, que puedan construir su personalidad con el aporte coherente de un medio sólido  Hogar-Jardín.
Conocer y comprender que lo que hacen ambos, padres y docentes, es de vital importancia para el bebé,   es el primer paso para replantearnos cuales son las actividades más adecuadas para realizar en el Jardín Maternal.

Indagar, conocer  y sostener las individualidades trabajando en los momentos de las rutinas de cambiado y las comidas donde el diálogo de a dos, en todas sus formas, es fundamental.
Es en estos momentos de intimidad donde el bebé realmente necesita de la asistencia del adulto y donde podemos ver, sentir y conocer a cada niño.

La forma de tomarlo y de transportarlo es importantísima pues le estamos expresando a través de nuestra actitud como lo sostenemos. Y esto le transmite al niño seguridad y contención.

La mirada y el lenguaje que acompaña y anticipa cada acción a realizar por el adulto le proporciona estabilidad y tranquilidad al poder él saber que va a suceder. Estos momentos son fundamentales para establecer un diálogo corporal y gestual que nos acerque al universo del bebé y nos permita tener un conocimiento más acabado de él.

Estableciendo un vínculo de apego que le sirva de sostén para dirigir su atención primero y luego también su acción, hacia los objetos que están a su alrededor, abriéndose a la exploración y al conocimiento.

La relación vincular nos permitirá a nosotras docentes tener un mayor conocimiento de sus intereses y necesidades y a partir de ello podremos facilitar su resolución al acercarles lo que es apropiado. De esta forma estaremos  favoreciendo el aprendizaje sin sobreestimular ni avasallar las motivaciones individuales, respetando las capacidades, fortaleciendo la autoestima a partir de reconocerlo competente.

Si miramos al niño con ojos que quieren ver, y que tienen en cuenta los procesos, tal vez descubramos que aprenden mucho si les acercamos los objetos de su verdadero interés y respetamos sus tiempos de análisis, ensayos y errores.

El conocimiento más profundo, es el que se adquiere a partir de la propia motivación.

Creado y enviado por:
Alejandra De Renzis Peña
Prof. Sup. en  Ens. Preesc.
Artículo Publicado en la Revista de Educación Inicial.
Edic. La Obra. Marzo 2001

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Palabras claves - Keywords:

A continuación aparecen algunas palabras claves relacionadas con este trabajo: individual, grupal, rol docente, jardín maternal, guardería, características.
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