En ocasiones escuchamos que algunos adultos emiten expresiones
con respecto al accionar de un niño observando un sólo
aspecto del mismo, acotado, restringido. Sea el de la resolución
más o menos rápida de un juego de ingenio o la gran
o poca cantidad de vocablos que utiliza o bien como instrumenta
los medios para llegar a un objeto de su interés o tal vez
si es sociable o no lo es. Sin embargo, por separado, estas cualidades
nos muestran una parte de este niño pero no al niño
en su totalidad, que como ser único y particular se expresa
de muy variadas formas a través de sus intervenciones en
el mundo. Es por cierto sumamente importante que veamos al niño
como un todo y no como una suma de partes.
Sabemos que a partir de una base biológica el infante desarrollará
sus capacidades en un entorno socio-cultural determinado. Este proceso
estará atravesado por las redes vinculares que lo sostienen
y de sus acertadas o no intervenciones, dependerá su futuro
desenvolvimiento y el factor emocional puede constituirse en un
factor decisivo en el desempeño global de la persona.
Un niño que tiene con el adulto significante una relación,
un vínculo satisfactorio, profundo, que le aporta seguridad
y confianza en sí mismo, está mejor preparado para
abrirse al mundo. Esto le permitirá, explorar, experimentar
y finalmente conocer su entorno. Para iniciar este proceso de conocimiento
debe lograr tener aproximación y apropiación de los
objetos de su mundo próximo e intentar relacionarse con estos,
de la mejor manera. En una primer instancia será lo que esté
a su alcance, partiendo de la exploración de su propio cuerpo,
manos, pies, etc. y los que el adulto le acerque. En un segundo
momento y simultáneamente al comienzo de los desplazamientos,
el bebé incursionará en su medio comenzando paulatinamente
a alejarse y acercarse del adulto que lo sostiene afectivamente,
entrando en una fase de autonomía, siendo el adulto el que
le permita o no, sentirse competente, "capaz de". Es en
este interjuego de ir y venir donde el reaseguramiento que le proporciona
el adulto significante hará posible que el niño vaya
construyendo su autonomía o por el contrario su dependencia.
Bowlby diferencia tres tipos de apego, el seguro, el angustiado
ambivalente y el angustiado evitante. Según cual sea el que
se instale en la relación determinará el tipo de incursión
que el niño podrá tener en el mundo.
Es a partir de experiencias gratificantes que se edifica y sostiene
una autoestima fuerte y saludable y estas están basadas en
la sensación y percepción de que él puede y
en esto está comprometida la actitud del adulto. Este adulto
que acompaña debe establecer un vinculo de apego que se prolongue
en una mirada afectiva de sostén, propiciando la exploración
y la actividad autónoma, valorando los logros sin la necesidad
de ser el que hace hacer.
Pilares
de la línea de trabajo de la Dra. Pikler* el vinculo de apego
y el desarrollo motor autónomo, son decisivos a la hora de
sentar las bases para futuras intervenciones. Teniendo presente
que el desarrollo de la motricidad global es coherente con la concepción
de que el niño a través del movimiento expresa su
particular manera de ser y estar en el mundo, que Bernard Aucouturier
denominó "expresividad motriz".
Pretender que un niño investigue, explore desde una posición
que le resulta sumamente forzada sólo da lugar a frustraciones
o manifestaciones de enojo o todo lo contrario, apatía. Y
si llegara a poder hacerlo estaría seguramente ejercitando
de manera disarmónica su musculatura, por lo cual su desarrollo
ya no sería parejo. Por ejemplo un bebé al que han
sentado de muy pequeño y que no puede salir de esta posición,
no solo depende de que otro lo saque de esta, sino que además
está manipulando con sus manos en una postura tensa, rígida,
"sosteniéndose" para no caer de costado, muchas
veces con la cabeza "hundida" en los hombros, mientras
que sus extremidades inferiores están inutilizadas ancladas,
sus caderas inmóviles. Por lo tanto el tren superior está
siendo más ejercitado, más estimulado que el inferior
produciéndose una ruptura en el desarrollo de la motricidad
global.
Un bebé satisfecho emocional y fisiológicamente, acostado
boca arriba tiene el mundo frente a sus ojos. Está estimulado
por una multiplicidad de agentes externos que le llegan a través
de sus sentidos. Si tiene ropa cómoda y una base firme de
apoyo puede interesarse y manipular los objetos de su interés
con tranquilidad y seguridad empleando para ello toda su atención.
Lo realiza de costado en el piso o boca arriba, utiliza todos los
músculos para cambiar de postura mientras manipula. Si está
de costado se sostiene con la pierna y el brazo de la misma lateralidad
apoyada a lo largo mientras que con la otra pierna en flexión
equilibra su cuerpo logrando estabilidad y maleabilidad. Si aún
esta posición no le es la más familiar es probable
que vuelva o permanezca en decúbito dorsal para sentirse
cómodo y tranquilo.
La concentración que un bebé le otorga a un elemento,
sonido y/o persona es proporcional no sólo a su madurez sino
a la posibilidad de hacerlo sin la interrupción de un adulto
ajeno a estas experiencias fundamentales. Conocer implica un proceso
de apropiación con un tiempo de experimentación exhaustivo
y necesario. Pero si consideramos que el niño necesita de
nuestra intervención constantemente sin discriminar cuando
es necesario y cuando es un avasallamiento, entonces no podemos
hablar ni de niños "competentes", capaces, ni de
las necesidades individuales. Estaríamos hablando de una
cosa y haríamos otra.
La Dra. Pikler llevó a la práctica la consideración
que como pediatra había observado y que luego de investigar
comprobó a través de 40 años de práctica
en el Instituto Lóczy, que los niños tienen la capacidad
innata para desarrollarse motrizmente de manera autónoma.
Consecuentemente con ello a través de un profunda indagación
ratificó que no había sustento teórico ni de
investigación, para considerar que necesitan de los mayores
para llegar a posiciones como sentado y parado como tampoco para
acceder a la marcha segura. Desde ya todos los niños que
adquieren la marcha una vez lograda tal adquisición, estarán
equiparados aparentemente. Y digo aparentemente pues los pasos previos
que le permitieron llegar a esta serán muy diferentes a los
que lo hicieron a partir de un adulto que lo sentó, lo paró
y lo llevó de sus manos para que diera sus primeros pasos,
a aquel que lo hizo a partir de experimentar sus propias posibilidades
en cada momento de su desarrollo, a su tiempo y en la medida de
sus motivaciones, ejecutando para ello un abanico de posiciones
intermedias que le aportarán un conocimiento profundo y acertado
de sus capacidades motrices, como también la correcta coordinación,
la maleabilidad y la armonía de sus movimientos junto con
un equilibrio y finura de sus gestos producto de la elaboración,
ejercitación y apropiación paulatina de sus logros.
Como manifiesta la Dra. Myrtha Chokler " El movimiento representa
más que el placer sensoriomotor es el instrumento y modo
de expresión de su orientación en el ambiente, de
sus acciones inteligentes, de su comportamiento social y de sus
afectos."
La posibilidad de explorar el entorno entonces ya no queda circunscripta
a la adquisición de la marcha pues desde que el bebé
boca arriba, gira a la posición decúbito ventral y
vuelve hacerlo a decúbito dorsal comienza la posibilidad
de adquirir el rolado y luego el reptado y con estas la de acceder
a un mundo no tan cercano pero si de su interés. Es así
que desde mucho antes del gateo inclusive, los bebés pueden
ampliar el horizonte de su conocimiento y esto sin la ayuda del
adulto.
No se debe mal interpretar, el adulto está pero desde otra
actitud, es el que favorece, el que posibilita, desde las condiciones
ambientales y emocionales para que en un ámbito sin peligros
y con objetos acordes a la edad de los niños se vea facilitado
el desarrollo no sólo de la motricidad global sino también
el desarrollo de la estructura psíquica. La conformación
de un YO fuerte comienza a partir de la percepción de que
sus incursiones en el mundo son satisfactorias, que le aportan lo
que él necesita a partir de las respuestas de los que lo
rodean. Creando un sentimiento de competencia. Freud sostenía
que el Yo del bebé es en primera instancia un Yo corporal,
todo pasa por sus sensaciones propioceptivas, interoceptivas es
y se expresa a través de su cuerpo. El modo en que el adulto
que sostiene significa sus demandas, necesidades, expresiones y
sus actitudes será lo que el niño internalice como
positivas o no, efectivas o no, importantes o no, esto implica a
un niño en formación interactuando con un adulto.
Dar lugar a las manifestaciones particulares implica conocer las
capacidades y para esto es necesario favorecer la expresión
de las mismas.
Por ejemplo, un niño pequeño que aún no se
sienta "por sí solo"( me refiero a que no llegó
a esta posición a través de la experimentación
de todas las posturas intermedias) es sentado por los adultos y
sostenido por almohadones. Los objetos de su interés están
próximos a él y puede tomarlos y manipularlos, todo
está aparentemente bien. De pronto uno de estos objetos sale
de su campo de acción y el niño al tratar de alcanzarlo
se cae o al sentir que no puede hacerlo comienza a llorar. El adulto
se acerca y en el mejor de los casos le acerca el juguete pero es
probable también, que piense que el bebé se cansó
de jugar y lo lleve a realizar otra actividad. En ambas situaciones
el adulto decidió por el niño, debido a la imposibilidad
de este de continuar con su accionar ya que no es autónomo
en sus posturas. Cuál es el impacto de esta intervención
en la constitución interna de este niño? Seguramente
siente que depende absolutamente de este adulto y a la vez no está
siendo comprendido por él por lo tanto el canal de diálogo
que ya existe y que se está complejizando se ve obstaculizado.
La comunicación se entorpece, el camino a la comprensión
se hace dificultosa. En una primer etapa, donde el lenguaje corporal
es lo predominante paradójicamente el cuerpo está
siendo li
mitado
en sus expresiones.
Pero que sucedería si este bebé, que estuvo en el
piso el suficiente tiempo que él necesitó, construyó,
vivenció posiciones intermedias, que le permiten seguir al
objeto de variadas maneras como por ejemplo reptando, rolando, girando
sobre su eje? Pues de ser así este bebé continuaría
la actividad que estaba desarrollando con el objeto hasta que él
la diera por finalizada por que otro es su interés, ya sea
otro objeto o bien porque una necesidad fisiológica lo invade
y es prioritario satisfacerla. De esto se desprende que esta urgencia
del adulto por sentar o parar a los bebés está más
relacionada con sus ansiedades y el desconocimiento del desarrollo
motor de los niños. El cual es determinado por cada niño
de acuerdo a sus tiempos internos y por supuesto a la posibilidad
de que el mayor lo deje intentarlo.
Si le hacemos sentir que es incompetente pues lo será, pero
si valoramos cada pequeña cosa que logra lo haremos sentir
seguro y eficaz en sus acciones y esto le aportará el beneficio
invalorable de construir una autoestima capaz de sostenerlo frente
al mundo. Estas primeras experiencias positivas o negativas que
han dejado su marca se reactualizan ante cada aprendizaje, es así
que según la matriz con la que cuente será la forma
en que se apropie de lo nuevo. Si ante cada situación de
conocimiento hubo un adulto que fue sostén desde el afecto,
con la mirada y le proporcionó seguridad permitiéndole
explorar y conocer. Si cuando su proyecto de acción no resultó,
hubo un adulto que contuvo mitigando la frustración. O bien
las ausencias se alternaron con una ajustada presencia en tiempo
y espacio, si fue respetado en sus tiempos de decisiones y elecciones,
decidiendo sobre la acción a realizar o cual elemento utilizar,
pudiendo proyectarla y ejecutarla en su totalidad sin la irrupción
de un mayor. Adulto que de interferir constantemente se convierte,
en obstaculizador en lugar de ser un agente vehiculizante, no permitiendo
que los procesos mentales se profundicen y multipliquen. La Dra.
Chokler opina "que frecuentemente vemos que la presencia del
adulto durante el juego es tan fuerte y tan atrayente para el niño,
que muchas veces se convierte en un obstáculo para que pueda
desarrollar sus propias elaboraciones, interrumpiendo los encadenamientos
de las relaciones lógicas que él está en tren
de organizar"
Las sensaciones que despierta el entorno que sostiene, a nivel corporal
como psíquico, dejarán su marca en el proceso de conocimiento.
Las emociones provocadas a través de un adulto, que no puede
contener o que no puede esperar pero hace esperar demasiado, del
que privilegia su ritmo social sin tener en cuenta tiempos y silencios
del bebé, del que significa desde la propia necesidad y no
de la real del niño, repercutirán en un futuro en
la calidad de las conductas que el niño irá organizando
y manifestando.
Durante los tres primeros años de vida, estas primeras
experiencias quedarán registradas a nivel de impresiones
arcaicas en la estructura psíquica del individuo y lo acompañarán
a lo largo de su vida de relación y le darán forma
a sucesivas interrelaciones. De estas primeras impresiones y de
sus resultados en cuanto al grado de satisfacción o frustración
como a la manera en que se desarrollaron se instalarán y
determinarán las siguientes, siendo las matrices de aprendizaje,
los moldes donde se apoyarán las futuras apropiaciones de
la realidad. Como dice la Dra. Myrtha Chokler "los modelos
de aprender a aprender".
Un niño avasallado que no es respetado en sus tiempos de
desarrollo, estará mas expuesto y será mas vulnerable
a los cambios y exigencias del medio. Sus raíces, las bases
a las que recurre para encontrar herramientas que lo ayuden a adaptarse
serán endebles y susceptibles de desorganización.
Esto le resultará un factor de desventaja y desarticulación
que le impedirá tener un desarrollo pleno de sus capacidades
innatas y adquiridas en el momento que deba ponerlas a prueba.

Un entorno primario atento y sensible a las inquietudes de los chicos
y dispuesto ha favorecer el despliegue y fortalecimiento de sus
capacidades, redundará en un buen estado de salud psíco-física
de cada niño. Donde los resultados a nivel social estarán
a la vista a partir de la manifestación de un orden interno
que se expresará en el accionar de cada niño a través
de actitudes calmadas y de previa elaboración que posibilitarán
el intercambio de opiniones. En un contexto de tranquilidad podrán
resolver situaciones elaborando estrategias de acción y facilitando
el acceso a hipótesis que llevarán a la creación
de propuestas de acuerdo a cada situación. Logrando el mayor
beneficio al permitir el desarrollo de las capacidades individuales
en favor del bien común.
El futuro está en manos de nuestros niños pero las
herramientas con las que contarán para desenvolverse, dependerán
de nosotros. Cuáles y cómo las construyan en el presente
será fundamental para su adaptación a los tiempos
que vendrán donde la creatividad será indispensable
para su realización como persona.
Enviado por:
Alejandra De Renzis Peña
Prof. Sup. en Ens. Preesc.
La Dra. Myrtha Clokler es Dra. en Fonoaudiología. Dra.
En Psicología de 1 Ecole des Hautes Etudes en Sciences Socialaes
de 1 Université de Paris VI. Directora de Fundari. Jefa técnica
del área de Atención Temprana del Desarrollo Infantil
de la Dirección de Educación Especial de la Prov.
de Bs. As. Directora de la Licenciatura en Psicomotricidad Educativa
de la Universidad Nacional de Cuyo.Directora de la Carrera de Postítulo
de Atención Temprana del desarrollo Infantil.
*La Dra. Emmi Pikler, pediatra e investigadora, fue la responsable
del Instituto Lóczy, desde el año 1946.
Bibliografía: Dra. Emmi Pikler.
Moverse en Libertad.
Dra. Myrtha Chokler. Los Organizadores del Desarrollo Psicomotor.
Judit Falk. Mirar al Niño.
Bowlby. La Teoría del Apego.
Winnicott. La Familia y el desarrollo del Infante.
Artículo publicado en la revista Educación
Inicial de Editorial La obra
Septiembre de 2001