Los niños hiperactivos constituyen un grupo muy heterogéneo. No todos presentan las mismas conductas alteradas. No coinciden en su frecuencia e importancia ni en las situaciones o ambientes en los que se muestran hiperactivos. Además, incluso difieren respecto al origen y posibles causas de sus problemas. Así, en la evaluación del niño hiperactivo intervienen varios profesionales, médicos (neurólogo, pediatra, psiquiatra), psicólogos y maestros fundamentalmente buscando un criterio común para la puesta en marcha de la terapéutica a seguir.
Este aspecto se ocupa de los comportamientos alterados y anomalías psicológicas que presenta actualmente.
Los informes que proporciona el colegio han de referirse a cómo es la conducta el niño y sus calificaciones académicas en el curso actual y cómo han sido en años anteriores. En esta evaluación se tienen en cuenta tanto los aspectos positivos como los negativos.
Se evaluarán mediante un examen físico exhaustivo para detectar
posibles signos neurológicos, anomalías congénitas u
otros síntomas orgánicos que resulten de interés.
Se analizan: nivel socioeconómico, comportamientos de los miembros
de la familia, clima familiar, relaciones interpersonales, tamaño,
calidad y ubicación de la vivienda familiar, normas educativas, disciplina,
cumplimiento de normas y horarios, actitudes de los padres hacia los problemas
infantiles, factores o acontecimientos
desencadenantes de los conflictos.
La evaluación de este aspecto está justificada por el papel
que desempeña la escuela tanto en la detección de las alteraciones
infantiles como en el tratamiento posterior.
Factores personales y organización estructural del centro.
Respecto a los factores personales, se analizan las actitudes de los maestros
cuando los alumnos violan la disciplina o incumplen las normas escolares,
así como las pautas de conducta que estos profesionales adoptan cuando
han de dirigir las clases; en definitiva, se trata de averiguar si son profesores
autoritarios o flexibles.
En cuanto a la organización del centro, interesa sobre todo los aspectos
materiales y de funcionamiento, así como la ubicación del mismo
y su estructura organizativa.
Además de los exámenes neurológicos que se apoyan en
los datos proporcionados por el electroencefalograma y la cartografía
cerebral, así como de la exploración pediátrica que insiste
en ensayos de coordinación y persistencia de movimientos, la valoración
de la hiperactividad se completa con una evaluación psicológica
que tiene varios ejes: información proporcionada por adultos significativos
para el niño (padres y profesores), informes del propio niño
y observaciones que sobre su conducta realizan otras personas en el medio
natural.
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Enviado por
Nadia Flor Romero
Ecuador