Las primeras conductas consideradas realmente como agresivas aparecen entre
el 2º y 3er año de vida cuando se siente frustrado por no ver
cumplidos sus deseos; entonces, el niño araña, muerde, pega....
Antes de esta edad, lo que muestra el niño es rabia, mediante pataletas
y gritos.
Es a partir de los 4 años, cuando esta agresividad pasa a ser expresada
verbalmente.
Esto ocurre en el desarrollo normal de todo niño. Lo que sucede es que
algunos continúan mostrándose agresivos, y esto sí que
se convierte en una conducta problemática. El grado de agresividad, la
edad de aparición, así como su permanencia en el tiempo hará
determinar la intervención de un psicólogo infantil que abarque
el problema desde su globalidad.
Generalmente, tras este comportamiento hay una baja autoestima, un ser que
lucha por autoafirmarse y/o la expresión de un exceso de tensión
o angustia que no encuentra otra vía de escape.
Para unos, la agresión es una forma de dominar al grupo y para otros
es imitar lo que han visto o vivido en casa,...
Para lograr algún cambio en dicho comportamiento, habrá que incidir
directamente sobre las causas que lo originan, además de educarle en
el control de sí mismo.
Al hablar de agresividad nos referimos tanto a la agresividad física
como a la verbal, y tanto a la autoagresividad como a la agresividad contra
los demás.
Tanto el comportamiento autodestructivo como el de agresividad contra los demás
pueden llegar a resultar muy peligrosos; de ahí, que no deben ignorarse,
ni se puede esperar a que se resuelvan por sí solos.
Cuando un niño se muestra una conducta agresiva contra los demás,
se le apartará del grupo, provocando en él una reflexión,
sin reñirle ni culparle, y haciendo que continúe su juego sólo
hasta que decida volver a integrarse al grupo con otra actitud más
adecuada.
Encontramos en este grupo también a los niños que:
- juegan continuamente con fuego
- dañan a los animales .
Son casos que requieren una rápida intervención, pues están
poniendo en peligro su propia vida y la de los demás.
- El suicidio es algo poco frecuente en niños menores de 10 años; lo es más en las edades cercanas a la adolescencia.
- el mostrarse "especialmente triste"
- perder interés por las cosas que le rodean
- perder el apetito
- alteraciones del sueño (en exceso o en defecto)
- decir cosas negativas sobre sí mismo
Estos datos deben alertarnos, y hacen necesario buscar las causas (hablando
con el propio niño).
La mayoría de los casos requerirán un trabajo más profundo
por parte de un especialista infantil, e intervenir de forma rápida
mediante un tratamiento.
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Enviado por
Nadia Flor Romero
Ecuador