Las recompensas de conductas deseables actúan como refuerzos que hacen que el niño se sienta bien por lo que ha hecho y quiera hacer lo mismo más a menudo. Proporcionan motivación.
La primera vez que el niño dijo papá o mamá,
usted reforzó la conducta con sonrisas y caricias. El niño
comprobó lo agradable que esto era.
La primera vez que se encaramó a la mesa de la cocina
y alcanzó la caja de galletas, su recompensa fueron
las galletas. En ambos casos, su conducta inicial fue recompensada
por los resultados.
No siempre es fácil la elección de una recompensa
apropiada para las conductas correctas del niño. Es un tema
de una labor detectivesca, sentido común y un poco de imaginación
para detectar qué le puede gustar al niño. Se sugiere
preguntar a los niños más mayores qué les gusta
para así tener la información necesaria, y también
para poder seguir manteniendo el control de la selección.
Sugerimos que se haga un cuestionario de las preferencias del niño como el que se muestra a continuación. Dado que las preferencias del niño cambian con frecuencia, repita el proceso de vez en cuando.
Hay algunas estrategias para que la selección de recompensas sea más eficaz. Una de ellas es variar las recompensas para que no pierdan su atractivo
Seleccione varios tipos diferentes de recompensas del repertorio que se ha extraído de los cuestionarios. Posteriormente, alterne las recompensas materiales con actividades y privilegios especiales.
Se deben entregar siempre las recompensas inmediatamente. Para el niño, el incumplimiento o el retraso al entregar una recompensa prometida, suponen una traición. No se deben hacer promesas que no se pueden cumplir y tampoco haga cambios
El
modificar la conducta de un niño requiere tiempo y
también la motivación adecuada. Al principio,
hay que recompensar cualquier progreso, usando la recompensa
para dar forma a la nueva conducta. Posteriormente, se requerirán
menos esfuerzos para mantenerla.
Los padres han de definir con exactitud lo que quieren que el niño haga más a menudo. Con la máxima precisión que sea posible, se debe definir qué debe hacer para obtener la recompensa. No hay que decir «Debes ser más responsable» sino: «Por favor, hazte bien la cama por las mañanas».
Recompense los progresos iniciales con recompensas inmediatas
o diarias. La capacidad del niño de adquirir premios
debe ser el doble al inicio del plan. La primera vez que guarde
correctamente sus juguetes, puede ser recompensado con una
pegatina, además de un punto de una recompensa que
vale cinco puntos.
Utilice marcas o estrellas en un gráfico para anotar los
puntos, o deje que el niño coloree una parte del cohete.
Las medidas visuales son más importantes cuanto más
pequeño es el niño.
Incremente gradualmente los requisitos, a medida que el niño haga progresos.
Por ejemplo, si la meta es que el niño ordene los juguetes
en su sitio cuando haya terminado de jugar, al principio hay que
darle una recompensa inmediata cuando ordene un juguete.
Cuando ya haya obtenido varias recompensas, habrá que cambiar
el criterio, para que tenga que ordenar dos o tres juguetes para
obtener la recompensa. Con el tiempo, hay que ir incrementando lo
que se espera del niño todavía más para dar
forma a la conducta del niño, pero no hay que hacer cambios
demasiado rápidos.
No hay que aceptar un comportamiento mediocre una vez que padres y niño han aceptado la apuesta..
Hay que ir eliminando gradualmente las recompensas diarias. Entregue las recompensas diarias en día alternos, y después del tercer día, hasta llegar a recompensar sólo excepcionalmente.
Mientras tanto se debe elogiar y dar ocasionalmente pequeñas recompensas para reforzar la nueva conducta.
Comience a dejar la fase de las recompensas para sustituirla por las consecuencias naturales y el reconocimiento. Cuando los padres están seguros de que la nueva conducta se ha convertido en un hábito positivo, deben sustituir las recompensas por consecuencias naturales positivas y mantenerlas con su reconocimiento.
Centrarse en una sola conducta (o conductas asociadas) cada vez Es imposible cambiarlo todo de golpe y el intentarlo agobiaría a todos los implicados. Tomar un problema cada vez, e ir añadiendo los otros de forma apropiada. Jaime,uno de nuestros pacientes, tenía problemas matutinos. Se levantaba tarde, no quería hacerse la cama y no le quedaba tiempo para desayunar. Primero se atajó el problema de levantarse tarde. Cuando empezó a levantarse regularmente, con el despertador, se añadió al gráfico el hacer la cama y el criterio para ganar un punto incluyó, a partir de entonces ambas conductas. Cuando dichas conductas fueron modificadas, se añadió el desayuno a la lista.
Ser muy firme hasta que la conducta haya quedado establecida Hay que tener fe en el gráfico, no hay que olvidarlo ningún día, hay que reforzar la nueva conducta con muchos elogios y consecuencias naturales. Cuando el nuevo hábito haya quedado establecido, ir retirando las recompensas.
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Enviado por
Nadia Flor Romero
Ecuador