Antes de hacer cambios hay que saber qué es lo que se desea cambiar.
No sirve de nada etiquetar a un niño como irritante, salvaje, tozudo
o rebelde, ya que dichas etiquetas son generalidades y no se puede cambiar
algo tan poco definido. Además, no se trata de cambiar a todo el niño,
sino solamente su conducta o actitud. Sea específico. No se deje llevar
por los sentimientos.
Defina y aísle el problema. ¿Que es exactamente lo
que el niño hace o no hace repetidas veces y que le disgusta?
¿Qué es exactamente lo que usted quisiera que hiciera
más o menos a menudo? Céntrese sobre lo que hace el
niño que a usted le saca de quicio.
Si usted considera, por ejemplo, que Lucy nunca acaba nada, piense
en lo que le lleva a esa conclusión. Desglose la conducta
en varias parcelas: Lucy no termina sus deberes; y nunca recoge
la ropa.
Usted no puede tratar con el hecho de que nunca acabe nada, pero
sí puede cambiar su actitud ante los deberes y la ropa.
Tome una hoja de papel y divídala verticalmente por la mitad.
Escriba en la parte superior de una mitad Menos
veces y de la otra mitad Más
a menudo.
En la primera columna haga una lista de comportamientos o hábitos
específicos que quisiera que el niño hiciera menos;
en la segunda columna, escriba el reverso o paralelo de estas conductas,
las que se pretenden conseguir más a menudo.
Cada punto debe tener su paralelo. Por ejemplo:
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Enviado por
Nadia Flor Romero
Ecuador