Los niños perfectos o los padres perfectos no existen como
tales, y hasta ahora no ha habido padres que no dudaran, al menos
ocasionalmente, sobre sus propias capacidades como padres y madres.
Los niños no se comportan siempre como sus padres quisieran,
y cuando los padres no logran cambiar l
os
hábitos de sus hijos, se frustran, se confunden y se muestran
inseguros.
Aunque fuéramos la generación de padres mejor educada e informada de la historia no tendríamos todas las respuestas. ¿Qué hay que hacer cuando Evelyn cambia de opinión quince veces sobre lo que se va a poner para ir al colegio y pierde el autobús continuamente? ¿Cómo actuar cuando Luis se porta mal en el supermercado? ¿Cuando el bebé no quiere comer? Cuando José le da puñetazos a su hermana constantemente? ¿Cuando Eva se despierta y se pasa la noche llamando o David se muerde las uñas hasta dejarse los dedos en carne viva?
Existen soluciones que han sido útiles para padres que nos han consultado,
pero antes de aplicarlas es necesario leer las siguientes indicaciones
y las técnicas que se describen en el capítulo 2.
Los conceptos que aquí se presentan facilitarán la
comprensión y aplicación de soluciones. Hay que recordar
que no se debe esperar demasiado pronto sino que se deben fijar
metas según la edad, personalidad, habilidades, sexo y desarrollo
del niño.
Los niños no pasan todos por las mismas etapas las mismas
edades, ni son igualmente maleables, y puesto que cada padre es
el que mejor conoce a su hijo, debe fiarse de sus propios juicios
y de su instinto.
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Enviado por
Nadia Flor Romero
Ecuador