Aunque no podamos influir decisivamente en la aparición del problema,
sí podemos contribuir a mejorar su evolución a través
de dos vías de actuación.
En primer lugar, enseñando a los propios niños hiperactivos
a practicar ejercicios físicos y actividades encaminados
a incrementar la inhibición muscular, relajarse, aumentar
el control corporal y la atención y, en consecuencia, adaptarse
a las areas y demandas que se le plantean sobre todo en el colegio.
En segundo lugar, actuando en el ambiente familiar y social que
ejerce en
todo
caso una influencia determinante en el pronóstico de estos
niños. Estas actuaciones se concretan en orientaciones y
sugerencias específicas para que padres y profesores adopten
actitudes positivas hacia sus hijos y alumnos, y pongan en práctica
normas de actuación correctas que favorezcan las interacciones
y faciliten la convivencia familiar y escolar.
Los especialistas indican que las familias consistentes y equilibradas,
así como el ajuste social y emocional de los niños,
son factores que pronostican una mejor evolución. En consecuencia,
el modo más eficaz de prestar ayuda a los niños hiperactivos
pasa por mejorar el clima familiar, las habilidades de los padres
y maestros para controlar los comportamientos anómalos y
eliminar las interacciones negativas entre adultos y niños
y de esta forma evitar las experiencias de fracaso y rechazo que
éstos sufren habitualmente.
Sin embargo, no basta con ser más tolerantes y pacientes;
los expertos coinciden en aconsejar que los adultos, además
de estas actitudes, deben adoptar normas apropiadas de actuación
que incluyen tanto establecer reglas explícitas para regular
la convivencia como administrar castigos cortos pero eficaces.
Algunas de las pautas recomendadas para favorecer las interacciones positivas entre padres e hijos son:
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Enviado por
Nadia Flor Romero
Ecuador