La lengua escrita,
a diferencia de la lengua oral, posee un sistema notacional; éste es entendido
como un conjunto de signos gráficos que tienen reglas que se deben respetar;
estos signos gráficos se subdividen en dos tipos: la escritura alfabética
(letras y signos de puntuación) y el sistema de cifras (números).
Algunas de
las características de la lengua escrita son:
* Canal visual: Tanto el escritor como el lector debe utilizar
la vista para decodificar la información.
* Comunicación elaborada: El sujeto puede realizar sucesivas correcciones
sobre el texto, sin que se note y leerlo donde y como quiera.
* Comunicación diferida: Esto implica la ausencia del receptor,
es por eso que se da en un tiempo y lugar no mediato.
* Comunicación duradera: Los escritos perduran en el tiempo.
* Códigos no verbales: La utilización es mínima, un ejemplo de
esto es el tipo de soporte y la disposición del texto en este.
* Interacción: No se produce una interacción durante la composición
del texto. El escritor no podrá saber cual será la reacción del lector.
* Contexto: El escrito es autónomo del contexto, el cual se va
creando a medida que escribe el texto.
La lengua escrita
abarca tanto la lectura como la escritura, frecuentemente, se asocia enseñar
a leer y escribir con el término de alfabetizar. Entendiéndose como un proceso
indisociable.
Se cree que
“... el aprendizaje de uno es consecuencia directa del otro. La lectura no
es un derivado de la escritura ni su acción inversa (es decir, la escritura
no deriva de la lectura) (...)
leer y escribir son diferentes y también lo son las operaciones que se ponen
en juego...”[1].
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