Una parte esencial en la construcción de un proyecto
de cualquier tipo es la estructura que lo mantiene, los
pilares sobre los que se va formando el contenido de la
obra.
Los propuestos básicos de los que partimos en nuestro
proyecto son diez:
La inteligencia es la capacidad general de adaptación a situaciones
nuevas mediante procedimientos cognitivos, según esta concepción
podemos afirmar que la naturaleza de la conducta inteligente está encaminada
hacia un objetivo: la adaptación a las demandas del entorno, por lo
tanto, nuestra misión será preparar a los niños para
que puedan desarrollar estrategias
cognitivas que les permitan desenvolverse en su medio.
Partimos de la base, no puede ser de otra manera, que tanto la herencia como
el ambiente influyen en la persona, lo que aún no sabemos es qué
porcentaje lo hacen uno y otro factor.
El papel de la herencia tiene una especial relevancia para el desarrollo evolutivo
del niño pero no lo predestina para
vivir de una determinada manera. Aunque la carga genética fije ciertas
condiciones estructurales, anatómicas, fisiológicas y bioquímicas,
una persona puede desarrollarse de una forma más positiva si enriquecemos
el ambiente.
Entendemos por ambiente todos los aspectos que rodean al niño, desde
el momento de su concepción. Estudios realizados sobre este tema apuntan
hacia la importancia que tiene en el desarrollo intelectual del niño
el dotarle en su infancia de unas condiciones ricas en estimulación.
De forma simultánea a como la estimulación motriz refuerza las
habilidades motoras, la estimulación cognitiva enriquece los procesos
intelectuales.
Al definir a la persona como un ser activo, lo que afirmamos
es que todo individuo crea, en cierto modo, las situaciones
en las que se desarrolla su conducta.
Es erróneo pensar que nuestros genes tienen el
guión total de nuestra vida. Esto parece más
una labor de videncia que una afirmación basada
científicamente.
La persona, sea Síndrome de Down o no, es un ser
activo en la medida en que influye sobre sí mismo.
Ejemplos de esta afirmación los encontramos en
nuestra vida constantemente.
Como muestra tenemos todos aquellos estudios que afirman
que el fracaso escolar y la inteligencia se correlacionan
en muy baja medida. Todos conocemos a personas que mediante
su tesón y esfuerzo han conseguido alcanzar sus
metas escolares o profesionales, y también conocemos
casos de aquellos que, aún teniendo todas aquellas
características que se consideran
necesarias, fracasan estrepitosamente.
El ser humano no es un ser pasivo que sólo necesita
partir de unas condiciones idóneas para tener aseguradas
las metas. Puede suplir ciertas carencias mediante la
acción.
El papel que tiene el adulto relacionado con el niño
será el de proporcionarle todos los medios necesarios
para procurar
que esa acción sea posible.
La singularidad de los individuos constituye uno de los
hechos más fundamentales y característicos
de la vida (TYLER).
Cada uno de nosotros tiene sus puntos fuertes y débiles.
La meta que cada persona tiene es superar sus desventajas.
De forma objetiva vemos que todos tenemos ciertas limitaciones,
el objetivo de la persona debe ser ir superándose
a sí mismo.
Tampoco debemos olvidar que cada uno de nuestros niños
también es diferente.
Aunque partamos de algunas características que
comparten entre ellos, hay muchos aspectos en que difieren
de los que se parecen; por lo tanto hay intervenciones
que serán apropiadas para uno y no para otro.
Como entorno entendamos el resto del mundo que rodea
al niño. Su familia, su barrio, su colegio, su
ciudad, etc.
Quizá este punto sea el más complicado.
Intervenir sobre el niño es la parte más
placentera del trabajo. Intervenir sobre la sociedad será
más complicado, pero es siempre necesario.
Propiciar un ambiente adecuado va a facilitar el desarrollo.
La misión consiste en informar a la sociedad en
su conjunto, pero también y sobre todo, a los colectivos
que están en contacto directo con el niño,
porque estos van a interactuar con estas personas y lo
ideal es que la relación entre el niño y
ellos esté basada en la normalidad y no en actitudes
negativas (rechazo, lástima, etc.).
Un objetivo a cumplir sería la implicación
de las personas de su entorno: familia, personal sanitario,
profesores, etc.
El aprendizaje mediado debe facilitar numerosas situaciones
donde el niño pueda aplicar los conocimientos que
ya posee y elaborar rutas alternativas para la solución
de los problemas.
Estas situaciones deben ser programadas para que sean
efectivas, procurando siempre que estén encaminadas
a una meta, pero sin exigencias. Estamos tratando con
niños muy pequeños.
En la primera infancia, el refuerzo ante la consecución
de una tarea debe ser inmediato para que el niño
pueda asociarlo con su conducta, Además debe experimentar
logros de forma frecuente para conseguir elevar su motivación
para la realización de las tareas. No podemos olvidar
que las tareas deben tener un aspecto lúdico y
reforzante para poder atraer la atención del niño.
Todo padre tiene derecho a tener unas altas expectativas
respecto a las metas que su hijo alcanzará en un
futuro; además todo hijo tiene derecho a no alcanzar
los objetivos soñados por su padre.
El objetivo es que el niño realice su desarrollo
de forma positiva y progresiva, ayudándole para
facilitarle el trabajo, pero no es conveniente intentar
que vaya demasiado deprisa. Esto puede tener efectos negativos
sobre el niño y sobre los padres.
Al niño no se le puede pedir que realice cosas
para las que aún no está preparado, pues
conseguiremos que fracase y desmotivarlo para seguir adelante.
Las expectativas deben plantearse en relación con
submetas que debemos ir consiguiendo: andar, control de
la orina, aprendizaje de conceptos, adquisición
de la lectura, etc.
La meta última es la normalización del niño
mediante el desarrollo de todas las capacidades que el
niño posee en potencia.
Al niño debe permitírsele la posibilidad
de equivocarse, de que rehaga la tarea. Si no admitimos
la posibilidad de fracasar en una tarea, seguramente no
intentaremos realizarla.
Al igual que los adultos que aprenden de sus propios errores,
nuestros niños aprenderán de sus equivocaciones.
La superprotección es mala consejera a la hora
de tratar de educar al niño en cualquier aspecto
de su vida.
Es importante que el niño se equivoque ya que de
esta manera aprenderá a analizar por qué
lo ha hecho y poder mejorar su ejecución en el
futuro.
El niño que cuenta con el apoyo personalizado
de un adulto para realizar una determinada labor aprenderá
más deprisa a ejecutarla con precisión.
La tarea de asesorar al niño para su aprendizaje
requiere tesón y continuidad, además de
una programación graduada e individualizada.
Consiste en ir dando pistas al niño para que pueda
solucionar un problema y en ir retirando de forma sistemática
y progresiva la facilitación de indicios con el
fin de que el niño sea autosuficiente en la realización
del trabajo.
Tampoco vamos a olvidar el efecto que tiene sobre el aprendizaje.
La interacción del niño con su grupo de
iguales. Basándonos en la teoría de que
es mejor un modelo parecido a nosotros mismos para intentar
emular la conducta que un modelo perfecto, creemos que
determinadas tareas realizadas con un compañero
pueden proporcionar importantes ventajas al niño
en su
aprendizaje.
La mayor fuente de influencia que tienen los niños,
sobre todo en su primera infancia, es la actitud y el
comportamiento de los padres hacia ellos. Por eso es muy
importante toda aquella intervención dirigida hacia
la información, orientación y apoyo parental.
Se estudia mucho sobre los aspectos físicos y actitudinales
de los niños down, pero se olvida con mucha frecuencia
los aspectos psicológicos.
La estabilidad emocional de una persona influye siempre
sobre su hijo, sea cual sea la causa de ella.
Las diferentes actitudes ante el hijo van a condicionar
de manera desigual el posterior desarrollo de éste.
Es necesario prestar un apoyo emocional a los padres no
solo durante la primera etapa, sino a lo largo de todo
el proceso, cuando aparezcan las dudas, los desánimos
y también las alegrías.
No lo sabemos todo. Al igual que los niños, deberemos
estar aprendiendo siempre, tanto de los conocimientos
y avances que tengan otras asociaciones y podamos recoger,
como de nuestros propios aciertos y errores.
La evaluación de los programas que apliquemos debe
ser continua para tratar de optimizar los resultados.
Afortunadamente los medios de comunicación con
que contamos en la actualidad nos permiten tener un contacto
continuo con todas aquellas personas y entidades que trabajan
sobre el tema del Síndrome de Down y esta ventaja
no la podemos desaprovechar, ya que nos permite conseguir
información sobre otros enfoques en la manera de
actuar.
La evaluación nos servirá para reforzarnos
cuando hayamos conseguido los objetivos propuestos y para
mantenernos siempre alerta sobre cómo hay que seguir
trabajando.
"No existe el síndrome de down. . .existen personas
que tienen el síndrome de Down";
¡Esperando sus inquietudes, nos despedimos hasta
pronto con las mismos deseos de aprender y crecer!!!
Enviado por:
Mariana Cánepa y Claudia Garello
Profesoras de nivel inicial
Capital Federal.