Las actividades lúdicas manifiestan un desfazaje en relación
con la realidad ordinaria. Están inmersas en una libertad
creadora que permite tomar distancia de los hechos útiles
o necesarios
exteriormente.
Pero si bien se trata de una ficción, en ella se cree firmemente.
Durante el juego se opera un relajamiento de las tensiones, de los conflictos y de las trabazones de la existencia real. El juego se convierte en una valiosa actividad a nivel psicológico ya que es un momento de recuperación, un momento de libertad con respecto a las tensiones.
En todo juego hay un reconocimiento de sí mismo y una exploración del mundo circundante.
Todo jugador se ejercita y se prepara para ser mejor . Cada uno juega sus posibilidades en relación a una realidad donde él define las reglas de juego.
El juego ofrece la oportunidad de entrar en relación real o imaginaria con el otro bajo diversas formas.
El juego significa enfrentamiento y colaboración, antagonismo y cooperación. Gracias a la presencia del otro, del adversario se produce la socialización en el juego.
En tal situación, el compañero se vuelve una parte de mí mismo, y es sí como yo aprendo a ponerme en el lugar del otro, con lo que puedo vislumbrarme al mismo tiempo yo y el otro
El juego parece responder a condiciones educativas más profundamente que las actividades reguladas y dirigidas por la sociedad global. Cuantas más reglamentaciones , menos posibilidades para el niño de elaborar sus propias reglas.
Cuanto más le presentamos situaciones estereotipadas menos
le propondremos situaciones abiertas, donde se pueda descubrir
auténtico y creativo al tiempo que recrearse.
Enviado por:
María José Rey
Quilmes. Buenos Aires
Docente de Nivel Inicial y
Estudiante de Psicopedagogía