El retraso mental es un trastorno definido por la presencia de
un desarrollo mental incompleto o detenido, caracterizado principalmente
por el deterioro de las funciones concretas de cada época
del desarrollo y que contribuyen al nivel global de inteligencia,
tales como las funciones cognoscitivas, las del lenguaje, las motrices
y la socialización. El retraso mental puede acompañarse
de cualquier otro trastorno somático o mental. De hecho,
los afectados de un retraso mental pueden padecer todo el espectro
de trastornos mentales y su prevalencia es al menos tres ó
cuatro veces mayor en esta población que en la población
general. Además de esto, los individuos con retraso mental
tienen un mayor riesgo de sufrir explotación o abusos físicos
y sexuales.
La adaptación al ambiente está siempre afectada, pero
en en entorno social protegido, con el adecuado apoyo, puede no
ser significativa en enfermos con un retraso mental leve. Puede
recurrirse a un cuarto carácter para especificar el deterioro
comportamental presente, siempre que no sea debido a un trastorno
concomitante:
* sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo
* con deterioro del comportamiento importante que requiere atención
o tratamiento
* con otro deterioro del comportamiento
* sin alusión al deterioro del comportamiento
Si la causa del trastorno mental es conocida hay que añadir
un código adicional de la CIE 10. La presencia de retraso
mental no descarta otros diagnósticos adicionales de este
tomo V (F). Sin embargo, las dificultades de comunicación
con estos enfermos hacen necesario para hacer el diagnóstico,
confiar más de lo habitual en los síntomas objetivos
tales como, en el caso de un episodio depresivo, la inhibición
psicomotriz, la disminución del apetito y del peso y los
trastornos del sueño.
La inteligencia no es una función unitaria, sino que ha de ser evaluada
a partir de un gran número de capacidades más o menos específicas.
Aunque la tendencia general es a que esas capacidades más o menos específicas
tengan en cada individuo un nivel de desarrollo equiparable, pueden presentarse
discrepancias profundas, en especial en los casos en los que existe un retraso
mental. Algunos enfermos pueden presentar déficit graves en un área
concreta (por ejemplo, el lenguaje) o una capacidad mayor en un área
particular (por ejemplo, en tareas viso espaciales simples), a pesar de un
retraso mental profundo. Este hecho da lugar a problemas a la hora de determinar
la categoría diagnóstica a que pertenece la persona retrasada.
La determinación del grado de desarrollo del nivel intelectual debe
basarse en toda la información disponible, incluyendo las manifestaciones
clínicas, el comportamiento adaptativo propio al medio cultural del
individuo y los hallazgos psicométricos.
Para un diagnóstico definitivo deben estar presentes un deterioro del
rendimiento intelectual, que da lugar a una disminución de la capacidad
de adaptarse a las exigencias cotidianas del entorno social normal. Los trastornos
somáticos o mentales asociados tienen una gran repercusión en
el cuadro clínico y en el rendimiento. La categoría diagnóstica
elegida debe, por tanto, basarse en la evaluación de la capacidad global,
al margen de cualquier déficit de un área o de una capacidad
concretas.
A continuación, y a modo de una guía que no debe ser aplicada
de una manera rígida debido a los problemas de la validez transcultural,
se mencionan los cocientes intelectuales correspondientes a cada categoría.
Estas son divisiones arbitrarias de un espectro complejo y no pueden ser definidas
con absoluta precisión. El C.I. debe determinarse mediante la aplicación
individual de tests de inteligencia estandarizados y adaptados a la cultura
del enfermo. Los tests adecuados deben seleccionarse de acuerdo con el nivel
de funcionamiento individual y las invalideces concretas adicionales, por
ejemplo, por tener en cuenta posibles problemas de la expresión del
lenguaje, sordera y otros defectos físicos.
Las escalas de madurez social y de adaptación aportan una información
suplementaria siempre y cuando estén adaptados a la cultura del enfermo
y pueden completarse con entrevistas a los padres o a las personas que cuidan
a estos enfermos y que conocen la capacidad del enfermo para la actividad
cotidiana. Sin la aplicación de métodos estandarizados, el diagnóstico
del tipo de retraso mental debe ser considerado como provisional.
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Enviado por
Yeni del Carmen Carvallo Ramos
Lic. Educación Preescolar
Villa hermosa- Tabasco
Mexico