Los trastornos disóciales se caracterizan por una forma persistente
y reiterada de comportamiento disocial, agresivo o retador.
En sus grados más extremos puede llegar a violaciones de las normas,
mayores de las que serían aceptables para el carácter y la edad
del individuo afectado y las características de la sociedad en la que
vive. Se trata por tanto de desviaciones más graves que la simple "maldad"
infantil o rebeldía adolescente. Los actos antisociales o criminales
aislados no son, por sí mismos, base para el diagnóstico, que
implica una forma duradera de comportamiento.
Los rasgos del trastorno disocial pueden también ser secundarios a
otros trastornos psiquiátricos, en cuyo caso debe codificarse el diagnóstico
del trastorno subyacente.
Los trastornos disóciales pueden evolucionar en algunos casos hacia
un trastorno disocial de la personalidad. Los trastornos disóciales
suelen estar relacionados con un ambiente psicosocial desfavorable, entre
ellos relaciones familiares no satisfactorias y fracaso escolar y se presenta
con mas frecuencia en chicos. La distinción entre los trastornos disóciales
y los trastornos de las emociones es bien definida, mientras que su diferenciación
del trastorno hipercinético es menos clara y es frecuente un solapamiento
entre ambos.
La valoración de la presencia de un comportamiento antisocial debe
tener en cuenta el nivel del desarrollo del niño. Las rabietas, por
ejemplo, forman parte de un desarrollo normal a la edad de tres años
y su mera presencia no debería ser una indicación para el diagnóstico.
Del mismo modo, una violación de los derechos cívicos de otras
personas (como un crimen violento), no se encuentra al alcance de la mayoría
de los niños de siete años de edad, y por lo tanto, no constituye
una pauta diagnóstica para este grupo de edad.
Las formas de comportamiento en las que se basa el diagnóstico pueden
ser del tipo de las siguientes: grados excesivos de peleas o intimidaciones,
crueldad hacia otras personas o animales, destrucción grave de pertenencias
ajenas, incendio, robo,
mentiras reiteradas, faltas a la escuela y fugas del hogar, rabietas frecuentes
y graves, provocaciones, desafíos y desobediencia graves y persistentes.
Cualquiera de estas categorías, si es intensa, es suficiente para el
diagnóstico, pero los actos disóciales aislados no lo son.
Son criterios de exclusión otros trastornos subyacentes, alguno de
ellos poco frecuente, pero importante, como una esquizofrenia, una manía,
trastornos del desarrollo, un trastorno hipercinético y una depresión.
No se recomienda hacer este diagnóstico a menos que la duración
del comportamiento descrito sea de seis o más meses.
Excluye: trastornos disóciales asociados a:
1. trastornos emocionales
2. trastornos hipercinéticos
3. trastornos del humor (afectivos)
4. trastornos generalizados del desarrollo
esquizofrenia
Volver al índice de Trastornos sociales afectivos
Enviado por
Yeni del Carmen Carvallo Ramos
Lic. Educación Preescolar
Villa hermosa- Tabasco
Mexico