Después de describir detalladamente los casos de 11 niños, Kanner comentaba sus características comunes especiales que se referían principalmente a tres aspectos:
1. Las relaciones sociales. Para Kanner, el rasgo fundamental del síndrome de autismo era "la incapacidad para relacionarse normalmente con las personas y las situaciones" (1943, p. 20), sobre la que hacía la siguiente reflexión: "Desde el principio hay una extrema soledad autista, algo que en lo posible desestima, ignora o impide la entrada de todo lo que le llega al niño desde fuera. El contacto físico directo, o aquellos movimientos o ruidos que amenazan con romper la soledad, se tratan como si no estuvieran ahí o, si no basta con eso, se sienten dolorosamente como una penosa interferencia" (ibídem).
2. La comunicación y el lenguaje. Kanner destacaba también
un amplio conjunto de deficiencias y alteraciones en la comunicación
y el lenguaje de los niños autistas, a las que dedicó
un artículo monográfico en 1946 titulado "Lenguaje
irrelevante y metafórico en el autismo infantil precoz".
Tanto en este artículo como en el de 1943 se señala
la ausencia de lenguaje en algunos niños autistas, su uso
extraño en los que lo poseen como si no fuera "una herramienta
para recibir o impartir mensajes significativos" (1943, P.
21) y se definen alteraciones como la ecolalia (tendencia a repetir
emisiones oídas, en vez de crearlas espontáneamente),
la tendencia a comprender las emisiones de forma muy literal, la
inversión de pronombres personales, la falta de atención
al lenguaje, la apariencia de sordera en algún momento del
desarrollo y la falta de relevancia de las emisiones.
3. La "insistencia en la invarianza del ambiente". La
tercera característica era la inflexibilidad, la rígida
adherencia a rutinas y la insistencia en la igualdad de los niños
autistas. Kanner comentaba hasta qué punto se reduce drásticamente
la gama de actividades espontáneas en el autismo y cómo
la conducta del niño "está gobernada por un deseo
ansiosamente obsesivo por mantener la igualdad, que nadie excepto
el propio niño, puede romper en raras ocasiones" (p.
22). Perspicazmente relacionaba esta característica con otra
muy propia del autismo: la incapacidad de percibir o conceptualizar
totalidades coherentes y la tendencia a representar las realidades
de forma fragmentaria y parcial.
Pocos meses después de que Kanner publicara su influyente artículo sobre autismo, otro médico vienés, el doctor Hans Asperger, dio a conocer los casos de varios niños con "psicopatía autista", vistos y atendidos en el Departamento de Pedagogía Terapéutica (Heipadagogische Abteilung) de la Clínica Pediátrica Universitaria de Viena. Parece claro que Asperger no conocía el artículo de Kanner y que "descubrió" el autismo con independencia. Publicó sus propias observaciones en un artículo de 1944, titulado "La psicopatía autista en la niñez". En él destacaba las mismas características principales señaladas por Kanner. "El trastorno fundamental de los autistas -decía Asperger- es la limitación de sus relaciones sociales. Toda la personalidad de estos niños está determinada por esta limitación" (p. 77. ed. cit.). Además Asperger señalaba las extrañas pautas expresivas y comunicativas de los autistas, las anomalías prosódicas y pragmáticas de su lenguaje (su peculiar melodía o falta de ella, su empleo muy restringido como instrumento de comunicación), la limitación, compulsividad y carácter obsesivo de sus pensamientos y acciones, y la tendencia de los autistas a guiarse exclusivamente por impulsos internos, ajenos a las condiciones del medio.
Aparte de estas semejanzas, había algunas diferencias entre el enfoque del artículo de Kanner y la perspectiva del de Asperger. Nos interesa destacar ahora una de ellas: mientras que Kanner no se preocupó en 1943 de la educación, Asperger sí lo hizo. Su interés educativo debe entenderse históricamente en el contexto de la idea de Hellpädagogik, o pedagogía terapéutica, tal como esa idea se entendía por el equipo de la Clínica Universitaria de Viena: como una especie de síntesis entre ideas educativas y otras originarias de la biología o la medicina. Para Asperger el autismo era un trastorno de la personalidad que planteaba un reto muy complejo para la educación especial: el de cómo educar a niños que carecerían de esos requisitos motivacionales que llevan a las criaturas de nuestra especie a establecer profundas relaciones afectivas e identificarse con los miembros adultos de ella, incorporando la cultura y humanizándose a través de un proceso abonado por las emociones y los afectos intersubjetivos.
Sin embargo, los intereses educativos de Asperger no fueron dominantes
en los primeros veinte años de estudio y tratamiento del
autismo infantil. Ello se debió a dos razones principales:
(1) el artículo de Asperger fue prácticamente desconocido
fuera de círculos restringidos de había alemana; hasta
1991 ese artículo no se tradujo al inglés. Además,
(2) en la primera época de investigación del autismo
predominaron concepciones dinámicas, muy teñidas de
equívocos y mitos, que no hacían fácil un enfoque
educativo coherente del autismo. Merece la pena que comentemos brevemente
este segundo aspecto, diferenciando tres épocas principales
de estudio del autismo: la primera se extendió de 1943 a
1963, ocupando los primeros veinte años de estudio del síndrome;
la segunda abarcó las dos décadas siguientes, de 1963
a 1983, la tercera se ha perfilado en los últimos diez o
quince años, en que se han hecho descubrimientos muy importantes
sobre el autismo y se han definido enfoques nuevos para su explicación
y tratamiento.
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Enviado por
Yeni del Carmen Carvallo Ramos
Lic. Educación Preescolar
Villa hermosa- Tabasco
Mexico