Psicosis esquizofrénica en virtud de la cual el paciente se aísla completamente dentro de sí mismo.
Títulos clásicos de la literatura sobre autismo,
como Ciudadela sitiada de Clara C. Park (1967) o La fortaleza vacía
de Bruno Bettelheim (1967), sugieren esa inquietante impresión
de opacidad y clausura que nos produce el niño autista. No
es extraño que los padres, y muchos profesionales, acompañen
esa vivencia de otras de impotencia e impredictibilidad: aquélla
se deriva de la sensación primera de que no tenemos recursos
para penetrar más allá de las puertas cerradas por
el autismo. Esta de la peculiar falta de correspondencia que existe
entre la conducta del niño y las situaciones del mundo en
que parece "estar sin estar". Por ejemplo, mientras el
autor de estas páginas entrevista a los padres de J., éste
- un niño autista de tres años - corretea sin rumbo
por la habitación aleteando con las manos, completamente
indiferente a la presencia de los adultos que conversan. De vez
en cuando, detiene su carrera sin destino, estira y retuerce los
dedos índice, anular y corazón de una mano, y los
mira extasiado con el rabillo del ojo. ¿Cómo pueden
relacionarse esas conductas con el contexto que rodea al niño?
¿Qué hacer para atraerle al mundo de las personas,
sacándole de su mundo ausente de movimientos sin fin, dedos
en raras posiciones y aleteos de manos?
Las impresiones de opacidad, impredictibilidad e impotencia nos
ofrecen, paradójicamente, una vía por la que poder
penetrar en el misterio del autismo si caemos en la cuenta de que
las relaciones humanas son normalmente recíprocas. ¿No
serán esas sensaciones respuestas nuestras a las impresiones
que nosotros mismos producimos en la persona autista? Si nos tomamos
en serio esta idea, llegamos a una primera definición del
autismo, mucho más profunda y justificada por la investigación
de lo que parece a primera vista: es autista aquella persona a la
cuál las otras personas resultan opacas e impredecibles,
aquella persona que vive como ausentes -mentalmente ausentes- a
las personas presentes, y que por todo ello se siente incompetente
para regular y controlar su conducta por medio de la comunicación.
Esta definición se entenderá mejor a medida que se
vaya comprendiendo este módulo. Nos sirve, por ahora, para
tener una idea primera, pero muy útil, de qué es en
el fondo el autismo; nos ayuda a explicar el último sentimiento
paradójico que produce este trastorno: la fascinación.
El autismo nos fascina porque supone un desafío para algunas de nuestras motivaciones más fundamentales como seres humanos. Las necesidades de comprender a los otros, compartir mundos mentales y relacionarnos son muy propias de nuestra especie. Nos reclaman de un modo casi compulsivo. Por eso, el aislamiento desconectado de los niños autistas nos resulta tan extraño y fascinante como lo sería el hecho de que un cuerpo inerte, en contra de las leyes de la gravedad y de nuestros esquemas cognitivos previos, empezara a volar por los aires de nuestra habitación. Hay algo en la conducta autista que parece ir contra las "leyes de gravedad entre las mentes", contra las fuerzas que atraen a unas mentes humanas hacia otras. Una trágica soledad fascinante que, como ha destacado penetrantemente Uta Frith (1991), "no tiene nada que ver con estar solo físicamente sino con estarlo mentalmente"
La impresión de fascinación se expresó desde el origen del autismo como síndrome bien definido: un origen que se sitúa en un artículo muy importante de un psiquiatra austríaco que residía en Estados Unidos: el doctor Leo Kanner. Su artículo sobre "Los trastornos autistas del contacto afectivo" (1943) empezaba con estas palabras: "Desde 1938, nos han llamado la atención varios niños cuyo cuadro difiere tanto y tan peculiarmente de cualquier otro conocido hasta el momento, que cada caso merece -y espero que recibirá con el tiempo- una consideración detallada de sus fascinantes peculiaridades" ¿En qué consistían esas peculiaridades "fascinantes"? Kanner las describió de modo tan penetrante y preciso que su definición del autismo es, en esencia, la que se sigue empleando actualmente.
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Enviado por
Yeni del Carmen Carvallo Ramos
Lic. Educación Preescolar
Villa hermosa- Tabasco
Mexico