Una buena estimulación favorece al bebé para lograr
una excelente adaptación al medio, promueve al desarrollo
de sus funciones y permite un mayor contacto con los papás.
En este primer período todos los estímulos que le
hagamos al bebé deben ser hechos en forma suave y muy lenta.
Cuando
le presentamos un juguete, hay que hacerlo en forma lenta para que
no se asuste, de esta manera podrá fijar su mirada en él.
Al cambiarle los pañales debemos ser suaves, hablarles mientras
lo hacemos, igualmente cuando lo alzamos o acostamos. Si hacemos
esto a toda prisa o apurados podemos provocar en el bebé
reacciones emocionales negativas.
El bebé necesita cariño, lentitud y una estimulación
y manipulación cuidadosa.
A veces cuando llora angustiado, no sólo necesita abrigo,
alimento, higiene, necesita un abrazo consolador de mamá,
ya que en útero cada contracción funcionaba como un
abrazo.
Los bebés que reciben muchos mimos, pueden dormir más
serenamente durante la noche. La capacidad de estar solos es un
síntoma de madurez. Cuando los padres acuden a la llamada
del llanto están educando la sensibilidad de su hijo.
El recién nacido puede ver en tres dimensiones, tiene cierta noción
de profundidad. Puede enfocar objetos que estén a 20 cm de distancia,
cuando están más lejos o más cerca se les vuelve borrosa
la imagen.
El mejor momento para estimular al bebé es cuando está tranquilo
y alerta, (después de comer).
Le gusta observar la cara de mamá, es el momento ideal para hablarle
en forma muy suave así también como sonreírle, o permanecer
en silencio, estos estímulos el bebé los disfruta mucho.
Puede seguir un objeto con la mirada mientras se mueve lentamente. El bebé
puede observar tamaño, color, forma de los objetos que se le muestran,
por eso no es conveniente que los juguetes a esta edad sean muy cargados,
deben ser más bien simples, y se debe interrumpir el juego inmediatamente
cuando el bebé está cansado.
Una manera de estimular al bebé para que gire su cabeza es colocándolo
en forma vertical sobre el pecho para que mire por sobre el hombro de la persona
que lo sostiene.
Lo más importante de la estimulación es crear expectativas en
el bebé, no ofrecerle estímulos aislados, el debe aprender a
reconocer y comprender la relación entre varios estímulos.
Cuando el bebé nace su agudeza auditiva es casi igual al
del adulto, por eso los sonidos para estimularlo deben ser de intensidad
mediana, el bullicio agota al sistema nervioso del bebé.
El momento adecuado para estimularlo es después de la mamada, responderle
a los pequeños sonidos que emite como si fueran palabras, de esta manera
la mamá le demuestra que entiende su mensaje.
El bebé puede captar el estado de ánimo de la mamá.
Cuando el bebé pierde interés en la experiencia que está
realizando no siempre significa que está cansado, es porque ya ha aprendido
todo y necesita pasar a algo nuevo, no obstante, conviene no abrumarlo con
muchas cosas o actividades, hay que dejarlo descansar y brindarle un tiempo
para que se acostumbre y disfrute de aquello que le parece interesante.
Cuando le hablamos al bebé suavemente y él no nos ve buscará
con sus ojitos la fuente del sonido, más adelante podrá girar
su cabecita. Es muy importante que el bebé vea la cara de la persona
que le está hablando para que pueda tranquilizarse.
El bebé disfruta de las canciones suaves especialmente si las canta
mamá, o alguna persona que esté en contacto frecuente con él,
le gusta escuchar música suave, rítmica y regular.
Mientras le cantamos al bebé y lo mecemos estamos favoreciendo al desarrollo
del equilibrio, para que este sentido se desarrolle normalmente, la madre
debe brindar seguridad y protección física a través de
sus brazos. Sus palabras tiernas, el sonido de su voz, el calor y el olor
de su cuerpo crean el entorno denominado "regazo emocional".