En lo concerniente al Objeto libidinal,
se puede decir que los niños de esta edad se encuentran en
la "etapa fálica" de
Freud, cuyo placer y conflicto está relacionado con los órganos
genitales.
La relación de los niños con los genitales tiene que
ver con el placer y con su significado para distinguir los sexos.
Los niños a los 3 años se miran, tocan y buscan, son
tremendamente curiosos. Los niños fantasean y buscan explicar
fantasiosamente aspectos de la realidad.
Para Erikson los niños de esta edad se encuentran en la etapa
llamada "Iniciativa versus Culpa",
los niños son activos, la modalidad de ellos es siendo curiosos,
intrusos, la palabra que mayormente los representan es el "por qué".
Si al niño se le refuerza la iniciativa se orienta cada vez
más al objeto, en cambio si se castiga la iniciativa se le
provoca un sentimiento de culpa.
En lo referente a los impulsos los
niños se encuentran en los llamados "impulsos
espontáneos", ya que los niños tienen un
afán de posición a nivel de las cosas y de las personas.
El niño exige y necesita gran cantidad de atención
y no tolera compartir las personas que él quiere.
En relación a los sentimientos
existen dos tipos uno es el del propio
poder donde el niño siente deseos de poseer objetos
y personas.
Adquiere un saber afectivo, de lo que puede y no puede hacer
y también de su valor personal a través de la relación
que establece con los demás, en el experimentar la aprobación,
la admiración y el castigo.
El otro tipo de sentimiento es el de inferioridad,
el niño es muy sensible a las
reacciones
que tienen los adultos, se puede sentir muy orgulloso o muy avergonzado
si lo retan, en esta etapa está consiente de que debe
hacer muchas cosas que no entiende, que es dependiente de
los mayores.
Los sentimientos son más duraderos y diferenciados
y se centran en las relaciones familiares. Quieren mucho a los padres
y les expresan su afecto con exageraciones, tienen celos y envidia
de sus hermanos y se alegran cuando son castigados.
En cuanto a la voluntad
se capacita al niño para disciplinar su conducta externa,
del modo que se ajuste a las normas y reglas de sus semejantes.
La voluntad en esta edad se hace más fuerte. Mantiene las
elecciones durante más tiempo. Se concentran en lo que está
haciendo, comienzan a escuchar relatos más extensos.
Otro punto que se debe tener en cuenta es la
formación del yo, el niño se convierte
en objeto de vivencias, se vuelve consciente de sí en su
encuentro con el mundo y en su actividad en él. Aun
el niño en esta edad no tiene conciencia de identidad
y de simplicidad no reflexiona sobre su yo.
El niño experimenta frente a las cosas su propio poder y
su impotencia, por este medio encuentra paulatinamente el camino
para llegar a su yo.
La conciencia del yo no aparece de repente, es el resultado de un
lento proceso de conformación del nosotros hacia la consecución
de un yo y de un tú. Antes de que el niño tenga
una conciencia unitaria del yo pasa por disponibilidades calificadas
como el “yo social” y el “yo activo”. El yo social se desarrolla
con otras personas y es portadora de sentimientos de simpatía
y antipatía. El yo activo se desarrolla a partir de la relación
con los objetos y se verifica en forma de juego, por tal razón
el yo lúdico es la forma más importante del yo activo
en esta etapa.
Existen variados mecanismos
de defensa a lo largo de nuestra vida y los usados
por los niños es la negación,
el niño se empeña en que un suceso o situación
provocadora de ansiedad no es verdad y cree que la negación
es exacta. Por ejemplo una niña a quien su papá a
retado y rechazado puede negar que está enojada e insistir
en que su padre la quiere y que ella lo quiere a su vez. Algunos
niños que han sido rechazados por sus familias niegan que
estas personas sean sus padres verdaderos y afirman que son adoptados
y que sus verdaderos padres los aman.
En la represión el niño no es consciente del pensamiento
atemorizante o doloroso.
Otro mecanismo de defensa es la proyección
y el desplazamiento en los cuales se reconoce los
sentimientos e impulsos inaceptables, pero son atribuidos a otras
fuentes. Por ejemplo la proyección consiste en atribuir un
pensamiento o acción indeseable a otra persona, cuando en
realidad el pensamiento o la acción parte de uno mismo.
El argumento es: ella comenzó la pelea, yo no fui”, es uno
de los ejemplos más comunes de proyección en los niños
pequeños.
En el desplazamiento el niño tiene la respuesta emocional
apropiada, pero no le atribuye a la fuente correcta. Por ejemplo
le tiene miedo a un tío y se lo atribuye a los leones.
Otro mecanismo de defensa es la huida,
es el más común entre los niños; es la evitación
directa de situaciones o personas amenazantes. Los niños
bajarán los ojos o correrán a esconderse en su dormitorio
cuando un extraño entra a la casa; se negarán a acercarse
a un grupo de niños desconocidos a pesar de su deseo de jugar
con ellos; no se animará a entrar a un gimnasio si tienen
dudas sobre su capacidad atlética. El uso de la huida como
un mecanismo de defensa puede ser peligroso para el desarrollo del
niño, ya que la tendencia a la huida se hace más fuerte
cada vez que el niño practica esta conducta, y por eso el
niño que se niega a enfrentarse a situaciones de tensión
a la larga podrá tenerle miedo a todos los problemas y nunca
aprenderá a manejar las crisis que son inevitables en el
transcurso del desarrollo.
La regresión es otro tipo de mecanismo de defensa
y consiste en que un niño recurre a una conducta que era
característica de una etapa anterior del desarrollo. La regresión
ocurre a menudo con la llegada de un nuevo bebé. El
niño mayor puede comenzar a chuparse el dedo o a mojar
la cama, en un intento por huir de la situación presente
provocadora de ansiedad, hacia un estado menos ansioso de la infancia.
Con la adopción de conductas infantiles, el niño intenta
captar la atención y retener el amor y los cuidados
de sus padres.
En relación a los conflictos en
esta etapa uno de ellos es que los niños de 3 años
están centrados en los órganos
genitales. La relación que tienen los niños
con los genitales tiene que ver con el placer y con su significado
para distinguir los sexos.
Otro conflicto que puede presentarse en esta edad son los
complejos de Edipo y Electra.
Otro punto importante dentro de este ítem es la socialización,
en esta edad es un conocimiento basado aún en características
externas y aparentes, más que en otras menos evidentes
y que implicarían complejas operaciones de inferencias o
una experiencia extensa, que aún no puede tener, en situaciones
sociales. Cuando describen a las personas que conocen, las caracterizan
sobre la base de rasgos externos tales como los atributos corporales,
sus bienes o su familia y, más raramente sobre la base de
sus rasgos psicológicos o disposiciones personales.
Sus inferencias acerca de los sentimientos, pensamientos, intenciones
o rasgos personales de otros tienen aún un carácter
global, poco preciso y poco afinado: Por ejemplo son capaces de
decir que otro niño se sentirá “mal” tras ser
castigado, pero especificarán si será tristeza o ira,
o dirán que otro niño es “bueno”, pero no que es “servicial”
o “amable”. Mientras más familiares sean las situaciones
en las que se encuentran, más sencillo les resulta inferir
las características de otros y adaptar a ellas su comportamiento.
Los niños pueden comprender los sentimientos de un hermano
que ha sufrido una caída, pero difícilmente comprenderán
los de un adulto cuando ha sido despedido de su trabajo. También
puede decir de otro niño que es “bueno” y a continuación
“que no le presta los lápices”. Cuando su propio punto de
vista está implicado en una situación social, en ocasiones
van a tener dificultades para diferenciarlos del de los otros ,
dando muestras de una cierta indiferenciación o egocentrismo,
o, en caso de diferenciarlas, no serán aún capaces
de manejarlas simultáneamente.
En lo concerniente a disciplina obediencia se da la etapa
de Piaget llamada “del egocentrismo”,
que se refiere a una actitud cambiante en relación
a las reglas que rigen el comportamiento.
Las reglas cambian de acuerdo a las necesidades, deseos,
intereses del niño. El niño imita a los adultos,
pero sin conciencia, reproduce los movimientos, las conductas,
ideas de otros, pero sin darse cuenta de lo que hace. El
niño confunde el “yo” y el “no yo”, no distingue
entre el otro y la actividad de sí mismo. El niño
puede tomar dos actitudes una es “conformista”,
es decir, reglas impuestas por los adultos actúa
como si fuesen voluntad de él mismo, aún cuando
sea voluntad de otro. El niño se conforma con lo
que le dicen los adultos porque ellos son los que ponen
las reglas. Otra actitud es la “inconformista”,
es decir, resiste a la voluntad del otro.
Los niños necesitan un ambiente ordenado reglado
con horarios y rutinas. Los niños no se conforman
con lo dicho o con la regla impuesta por los otros. En lo
referente a autoestima –
concepto de sí se puede decir que los niños
de esta edad tienen que enriquecer la primera imagen de
sí mismo con características y atributos que
sirvan para definirse a uno mismo como persona con entidad
y características propias diferenciadas de los demás.
Los niños tienen tendencia a describirse en base
a atributos personales externos, cuando pedimos a niños
que se definan a sí mismos suelen hacerlo en
términos de “Soy un niño que juega a la pelota”
“soy una niña que sabe leer”, “soy alto”, “soy una
niña que se llama Ana”. La autonomía,
a diferencia del autoconcepto implica una orientación
afectiva que puede evaluarse como positiva o negativa.
En lo que concierne a identificación
sexual para los niños es masculino aquello
que presenta determinados rasgos externos masculinos y es
femenino lo que presenta los rasgos correspondientes femeninos.
Por ejemplo si se utiliza un muñeco con pelo
esteriotipadamente femenino y vestido con falda, pero con
genitales masculinos, los niños tienden a sostener
que se trata de una muñeca (en femenino), a
pesar de la evidencia contraria aportada por los caracteres
sexuales primarios masculinos. En esta edad los niños
son tremendamente curiosos en lo referente a lo sexual,
se miran y se tocan, se están descubriendo mutuamente.
Por último llegamos al desarrollo
moral, Piaget ubica a los niños de esta
edad en la moral de la “obligación o heterónoma”,
la característica es lo unilateral hacia los mayores, depende
de lo que los padres o adultos digan porque la moral es obligatoria.
Las normas u ordenes son incuestionables. Se habla de realismo de
la norma, toda forma de obediencia ciega es característica
de esta etapa. El niño hace caso de las reglas porque son
impuestas por el adulto. Los niños también se ubican
en la toma perspectiva egocéntrica que se caracteriza por
que el niño puede descubrir emociones sencillas en las otras
personas, pero confunde su propia subjetividad con la de otra persona.
El paso de esta etapa está determinada por la capacidad de
enunciar una norma.
Enviado por
Alejandra Galdames
Puente Alto - Santiago
Chile