En la civilización actual, la lectura y la escritura
son unas necesidades personales que, además, tienen
una gran repercusión social.
Estamos en un mundo lleno de mensajes escritos. Nos llegan
por muy diferentes medios y resultan ya imprescindibles para
desarrollar una conducta ordinaria. Son indispensables para
incrementar nuestra cultura y conocimiento, o nuestra
satisfacción personal. Las personas que no saben leer
y escribir se encuentran limitadas en todas sus actividades.
Reciben una baja consideración social, e incluso llegan
a tener un pobre concepto de sí mismas.
Si a todo lo anterior añadimos las dificultades de las personas con Síndrome de Down para vivir en integración social y para que su vida esté de verdad "normalizada", es fácil deducir que el objetivo de la adquisición de la lectura y la escritura se convierte en una necesidad más imperiosa para ellas.
Para todas las personas con Síndrome de Down deben programarse unos objetivos mínimos de "lectura funcional" que les permitan conocer y distinguir los signos públicos básicos: "empuje-tire" en una puerta, "salida-entrada", "caballero-señora" en los aseos, "peligro", "parada de autobús", etc. También es preciso que comprendan las instrucciones de teléfonos públicos, máquinas tragaperras, etc.
Pero además, con los datos experimentales actuales sabemos ya que estas personas pueden no sólo leer cualquier texto escrito, sino llegar a ser verdaderos aficionados a la lectura. Este es un objetivo alcanzable para un porcentaje de ellas cada vez más elevado.
Los grandes cambios que están produciéndose desde la década de los setenta han afectado favorablemente también a este aspecto de la educación de las personas con Síndrome de Down.
Otro factor favorable es el mejor conocimiento que vamos teniendo de las características propias de los niños con Síndrome de Down. La experiencia del trabajo cotidiano nos demuestran que los niños que han sido estimulados y reforzados adecuadamente tienen una buena percepción y memoria visuales, y un buen lenguaje comprensivo. Estas "habilidades" son la base fundamental de algunos de los programas de lectura.
Las edades lectoras de los niños están por
encima de sus edades mentales y, por supuesto, de sus edades
lingüísticas; sin embargo, están por debajo
de sus edades cronológicas.
La conclusión obvia es que no se debe esperar a una
edad mental de 6 años para iniciar un programa de lectura,
ni tampoco hay que esperar a que sea un niño verbal.
Puede y debe empezarse antes.
Cuanto antes se comience más beneficio se obtienen,
ya que el lenguaje en general mejora notablemente. En realidad,
la iniciación "precoz" de la lectura (entre 3 y 4 años
de edad) es una pequeña parte del programa de lenguaje.
El objetivo es amplio, no es sólo ir preparando al
niño para una lectura en sentido estricto, sino que
además aumenta y mejora el lenguaje comprensivo y expresivo,
los conocimientos y el razonamiento.
Esta iniciación precoz conducirá a que
muchos niños con Síndrome de Down entre 7 y
9 años tengan un nivel lector semejante al de sus compañeros
de clase.
También es cada vez más frecuente encontrara
entre ellos a verdaderos aficionados que eligen la lectura
como actividad preferida.
Por el contrario, si se espera a que el niño tenga
"madurez" (alrededor de los 9-10 años de edad cronológica
del niño con Síndrome de Down), para empezar
entonces con una cartilla silábica, convencional, sucede
que el niño se siente mal, "vive" más su diferencia
y su torpeza, se ve así mismo en inferioridad clara
frente a sus compañeros.
Todo ello puede llegarle a un bloqueo, fobia y rechazo de
la lectura.
Este es uno de los actuales fallos en algunos colegios de
integración.
Mariana Cánepa
Prof. Nivel Inicial
Capital Federal