El lenguaje de las personas con síndrome de Down evoluciona
de un modo más lento y, en algunos aspectos, de un
modo distinto al de otros grupos de personas con y sin retraso
mental.
La lentitud en el progreso se manifiesta desde la etapa prelingüística
en la que los juegos vocálicos y balbuceos del bebé
con síndrome de Down aparecen más tarde que
en otros bebés, con algunas matices diferentes.
Las primeras palabras con significado empiezan a emplearlas
a una edad promedio de tres años, mientras que el uso
de frases suele iniciarse alrededor de los cuatro años.
La ampliación en la longitud de los enunciados lo logran
lentamente durante la segunda infancia y comienzo de la adolescencia,
empleando frases de seis a ó siete elementos.
El uso pragmático del lenguaje es muy adecuado en las
siguientes etapas, siendo el niño capaz de transmitir
sus sentimientos y deseos de un modo comprensible.
Es evidente la dificultad específica en relación
con el uso correcto de las normas morfo-sintácticas.
Habitualmente se expresan en frases cortas, evitando el uso
de tiempos verbales complejos y las frases subordinadas.
La baja inteligibilidad del habla es otra de las características
propias del lenguaje de las personas con síndrome de
Down, aunque por lo general se hacen entender por su interlocutor.
Las causas del retraso, y de las diferencias son varias, por
lo que las diversas medidas de intervención son eficaces
sólo de un modo parcial.
Estudios recientes señalan que, si se continúan
con programas de intervención, se dan progresos
linguísticos después de la adolescencia,
con jóvenes adultos.
Los jóvenes que acaban la escolaridad e inician una
vida de cierto aislamiento en su hogar, con ausencia de intereses
y motivación, muestran regresión en sus habilidades
linguísticas. Sin embargo, las personas aficionadas
a la lectura, que continúan una vida social y laboral
activa y que manejan el ordenador, mantienen, incrementan
y mejoran su comunicación verbal.
Mariana Cánepa
Profesora de nivel inicial
Capital Federal