La ciudad de San Miguel de Tucumán en aquella época era un
poblado de unos 5000 habitantes, con edificios públicos,
templos y conventos en deplorable estado. Por eso se tuvo que
buscar una casa de familia para reunir el Congreso.
La casa de la señora Francisca Bazán de Laguna, era una casa
amplia, en muy buen estado y la más grande en ese momento de la ciudad
de Tucumán.
Ella mandó a ampliar la sala para que pudieran entrar todos los representantes
de las provincias. La sala quedó de 15 mtrs de largo por 5 mtrs de
ancho.
Pidieron prestadas las sillas de las Iglesias de Santo Domingo y San Francisco.
En el frente de la casa se destacaban dos típicas columnas en espiral
llamadas Salomónicas.
Todos sus cuartos daban a un patio central, donde se podía observar
un gran aljibe.
El techo tenía tejas rojas.
Al frente de la casa se encontraban dos grandes ventanas con rejas.
Los muebles que se usaron los prestaron los vecinos, se buscaron los mejores
muebles, todo el pueblo quería colaborar.
Don Bernabé Araos , gobernador de Tucumán, prestó los
muebles de escritorio y el tintero.