Hoy no solo basta con la preparación que hace el
docente para su propia intervención educativa, sino que también
hay que preparar la actividad de los alumnos. Cuando se promueve la
actividad de los alumnos, también se fija de antemano lo que
se va hacer (en cuanto a las actividades que se les proponen), pero
una vez iniciado el proceso hay que dejar un amplio margen para la iniciativa
de los alumnos.
Ellos pueden avanzar en su aprendizaje por caminos no previstos. Aquí
el educador se encuentra frente a lo no programable, frente a
la espontaneidad creativa de los educandos.
La programación del aula, y la preparación de actividades
como parte de ella, no hay que realizarla conforme a un modelo determinado,
con un riguroso desarrollo lineal, sino de acuerdo con un modelo orientado,
por un arco direccional y no por unas vías rígidas.
Para esto el docente además de respetar la autonomía de
los alumnos, en todo aquello en lo que pueden tomar iniciativas, debe
estar preparado para lo imprevisto y estar dispuesto a seguir caminos
no esperados. Y lo que es más difícil, a involucrarse
en lo que no había considerado de antemano.
Hay que saber hacer frente a las diferentes posibilidades que se abren
(o se pueden abrir), aunque esto no siempre se puede lograr. Al menos
hay que tener una actitud de respeto a la libertad y autonomía
de los educandos. Abriéndose a ellos y dando libertad de actuación,
pueden activarse sus potencialidades a partir de la expresión
de sus saberes, experiencias y vivencias.
Todo esto debe darse en un marco de actuación en el cual la libertad
y la autonomía han de conciliarse realizarse simultáneamente
con la responsabilidad y disciplina que exige toda práctica docente.
El punto fundamental es saber diseñar las actividades
más pertinentes para el logro de los objetivos propuestos. Algunos
criterios generales que pueden ayudar a ello:
Las actividades deben tener coherencia con el proyecto de centro
curricular, y estar interrelacionadas con los contenidos y objetivos.
En lo posible deben relacionarse con las preocupaciones, inquietudes
y centros de interés de los educandos.
Posibilitar la adquisición de nuevos conocimientos y reorganizar
y afianzar los que ya se tienen.
Desarrollar valores, pautas de comportamiento y actitudes que signifiquen
un proceso de personalización (autonomía, responsabilidad
y libertad) y de solidaridad (convivencia e integración con los
otros).