Hay muchas situaciones cotidianas y juegos que son propicios para utilizar
los números. Hay situaciones para mejorar el manejo de las
serie numérica oral y, el conocimiento y utilización
de la serie escrita.
Es necesario dar actividades que impliquen a
cciones
para reflexionar sobre las mismas. Para ello es muy valioso el juego.
El juego y la matemática, en su naturaleza misma, tienen
rasgos comunes. Es necesario tener en cuenta esto, al buscar los
métodos más adecuados para transmitir a los alumnos
el interés y el entusiasmo que las matemáticas pueden
generar, y para comenzar a familiarizarlos con los procesos comunes
de la actividad matemática.
Un juego comienza con la introducción de una serie de reglas,
una determinada cantidad de objetos o piezas, cuya función
en el juego está definida por esas reglas, de la misma forma
en que se puede proceder en el establecimiento de una teoría
matemática por definición implícita.
Al introducirse en la práctica de un juego, se adquiere cierta
familiarización con sus reglas, relacionando unas piezas
con otras, del mismo modo, el novato en matemáticas compara
y hace interactuar los primeros elementos de la teoría unos
con otros. Estos son los ejercicios elementales de un juego o de
una teoría matemática.
El que desea avanzar en el domino del juego va adquiriendo unas
pocas técnicas simples, que en circunstancias repetidas a
menudo, conducen al éxito. Estos son los hechos y "lemas"
básicos de la teoría que se hacen fácilmente
accesibles en una primera familiarización con los problemas
sencillos del campo.
El gran beneficio de este acercamiento lúdico consiste, en
su potencia para transmitir al estudiante la forma correcta de colocarse
en su enfrentamiento con problemas matemáticos.
Creo que hay que permitir jugar a quien más le gusta, y a
quien más se beneficia con el juego matemático.
El trabajo con bandas numéricas, con el calendario, con la
numeración de las casas, con juegos de compra-venta, las
canciones de conteo, los álbumes de figuritas, las cartas,
los tableros de juegos de pista (por ejemplo, La Oca), etc, son
excelentes oportunidades para poner en juego los números,
provistos de sentido.
Al hablar de juegos numéricos, me refiero a juegos cargados
de intencionalidad educativa; es decir, que el niño en este
juego, sienta la necesidad de pensar para resolverlo; que el juego
permita juzgar al mismo niño, sus aciertos y desaciertos,
y ejercitar su inteligencia en la construcción de relaciones;
y que permita la participación activa de cada integrante,
y la interacción entre pares, durante la realización
del juego.
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